Opinión

La frivolidad del populismo

El populismo es una corriente política capaz de movilizar a las grandes masas, para los más radicales es considerada la única fuerza política transformadora, mientras que para otros es un movimiento demagógico, oportunista, manipulador, corrupto, retórico e ineficaz.

A finales del siglo XIX esta particular ideología fue germinando, sus principales escenarios fueron la Rusia revolucionaria de 1870 y los Estados Unidos de Norteamérica en el radicalismo empresarial fuertemente impulsado durante la presidencia de Andrew Jackson, hasta crear una política profundamente irracional por ser ambiciosamente popular.

El Peronismo incluida la mítica Evita Perón, se le puede dar un cierto crédito de ser el primer populismo latinoamericano. También hay que considerar el prototipo mexicano con Echeverría y López Portillo, que tanto daño causaron a la economía del país.

La retórica populista es muy exitosa en la aplicación de estrategias electorales, pero la realidad acaba muy pronto con los espejismos populistas que ofrecen los vendedores de ilusiones, y mientras otros regalan televisores de plasma.

El chavismo en Venezuela es un ejemplo claro del desastre al que los gobiernos populistas pueden llevar a su pueblo. La crisis económica de ese país, se acentuó por el desplome del precio del petróleo y ha puesto en jaque a Nicolás Maduro, convertido en presidente por azar del destino, acariciando la locuacidad al hablar con pajaritos reencarnados del espíritu de Chávez.

El voto inteligente, pensado, razonado y conciente, parece estar a la baja; en cambio, la población marginada, de mediana o poca preparación académica, que tiende al acarreo, serán seducidos fácilmente por la torta, los bolígrafos, las despensas, la gorra y la matraca, fanáticos de los bailes populares y los actores de telenovela en campaña, este grueso de la población son quienes pueden inclinar la balanza hacia tal o cual partido, incluso sin importar del candidato de que se trate.

El populista es aquel que simula acatar las reglas del juego que va reconvirtiendo estas reglas en otra forma de entender el conflicto social y escapar así del imperio de la ley. Populista por ADN lo es Andrés Manuel López Obrador, que utilizando a la Virgen Morena en sus siglas, aprovecha y hasta promueve el desprestigio de las instituciones, al frente la mafia del poder, la oligarquía, las televisoras. Nada ya tiene que ver la izquierda, ni salvar al país, todo es un montaje con fines meramente electoreros. Año tras año repite su discurso populista, bipolar y me atrevo a decir, incluso quimérico.

El tiempo del populismo debe llegar a su fin, eliminemos este obstáculo en el largo camino hacia la democracia plena.