Opinión

El fin del poder


Timeo de Tauromenio, hijo Andrómaco, historiador griego, hace más de dos mil años nos contaba la historia de Damocles, que era miembro de la corte de Dionisio el viejo, un monarca sanguinario.

Damocles, adulaba y envidiaba caprichosamente las riquezas y lujos del soberano. Estos reclamos envidiosos llegaron a oídos de su majestad quien ideo un plan para escarmentarlo. Le ofreció a Damocles intercambiar puestos por una noche para que él pudiera experimentar en carne propia el poder, así ocupó el trono real en un gran banquete.

Por la noche se sirvieron suculentos y exorbitantes manjares, abundante vino, todo iba bien hasta que Damocles miró hacia arriba y se percató de que sobre su cabeza colgaba una afilada espada atada únicamente por un delgado y fino pelo de caballo. Asustado, no sólo dejó el trono, arrepentido y con los nervios de punta rechazó el sueño de ser rey al ver la espada amenazante.

Esta metáfora nos habla de los inminentes peligros y el precio que se paga por un gran poder, un tema que sigue y seguirá siendo objeto de debate, como lo hace ahora en la actualidad el estudioso de los fenómenos socio-político mundiales Moisés Naím.

Este autor en su libro titulado "El Fin del Poder" nos plantea que: "El poder se ha hecho más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder" y se refiere a tres revoluciones que lo han provocado: La revolución del mas, la de la movilidad y la de la mentalidad.

Moisés Naím explica que el poder como lo conocíamos está llegando a su fin y vive un proceso de transformación. "El poder concentrado en unos pocos, los que mandaban, ya no está con nosotros" aunque esto no significa que salgan de escena actores e instituciones poderosas, como PEMEX, Oceanografía, Grupo Carso de Carlos Slim, Televisa, grupo Salinas Pliego y de Gortari, los grandes cárteles de la droga, y en mini la presencia de los anarkos, las autodefensas, los sindicatos CNTE, y todo aquel que se sienta ungido por el dedo de Dios que hoy son y mañana están políticamente borrados Ebrard, Elba Esther, Moreira, etc.

Al respecto comenta: "Lo que cambia es que lo que pueden hacer hoy con el poder es cada vez menos, están más restringidos, hay cada vez más protagonistas, más competidores que limitan lo que los poderosos pueden hacer con el poder que tienen".

El reto para el mundo globalizado es la incapacidad de actuar en forma colectiva. Se tiene que trabajar en equipo, aunque a los gobiernos les está costando mucho trabajo hacerlo porque implica sentarse en una mesa y llegar a compromisos, hacer concesiones, llegar a negociaciones donde uno debe ceder y entregar ciertas cosas. Pero es necesario si quieren evitar el fin del poder, ya que la espada de Damocles como el poder, penden de un hilo.