Opinión

La empatía, una habilidad social

Echando una mirada retrospectiva a mi existencia encuentro que no me ha deparado muchos males, podría haber sido mucho peor, más a pesar de todos los placeres de todo tipo y satisfacciones que ella me ha dado, a pesar de que la naturaleza no me negó una excelente digestión para gustar y aprovechar sus vinos y alimentos, a pesar de todas estas satisfacciones que podría llamar positivas podré decir que para mí el mayor don que la naturaleza me dio es la empatía.

Ponerse en los zapatos, en el lugar de los demás, eso es la empatía. Y hacerlo tanto desde el mundo de las ideas, con lo que pensamos o tomando el punto de vista de otra persona, como desde el lado de las emociones, es decir, de cómo nos sentimos ante lo que ocurre a los demás, siendo esto una parte importante de la inteligencia emocional.

Para algunos es más fácil empatizar, parece que les viene de nacimiento y no tienen que hacer mucho esfuerzo para ello, pero es difícil y complejo para muchos otros. Nacemos con una predisposición biológica a ser más o menos empáticos, sin embargo, la educación y las experiencias vividas  hacen que se desarrolle en mayor o menor medida.

Hablando de las mujeres, éstas son más empáticas, debido a la interacción de factores biológicos como las hormonas y socioculturales como la educación. Pero no por ello todas las mujeres son empáticas y ningún hombre lo es, nada más lejos de la realidad, hay muchas diferencias individuales de una persona a otra.

La empatía es una capacidad fundamental para desenvolvernos de forma adecuada en sociedad. Nos permite entender mejor a los otros y nos ayuda a alcanzar tanto la superación personal en las relaciones con la familia y los amigos, como en el ámbito profesional.

Pese a contar con tantas ventajas, la empatía es un tema poco explorado. La educación en empatía es el camino hacia la no violencia, porque favorece la tolerancia, la convivencia, el respeto y la solidaridad.

La empatía se construye sobre la conciencia de uno mismo; cuanto más abiertos estamos a nuestras propias emociones, más hábiles seremos para interpretar los sentimientos. Las personas más empáticas son, sin temor a equivocarme, las más felices.