Opinión

El efecto cucaracha

La migración de personas de  un estado de la república a otro muchas veces puede representar oportunidades de empleo para lograr una mejor calidad de vida en estados económicamente más sólidos y prósperos como lo es Puebla.

Con la planta AUIDI puesta en marcha por nuestro gobernador, el creciente turismo debido a las atracciones y museos recientemente consolidados, además de que Puebla siempre ha tenido una importante oferta educativa en todos los niveles, es lo que hacen atractivo a los turistas visitar Puebla y entre otros una plaga de hombres conocidos como “cucarachas”. 

Las grandes ciudades  necesitan inmigrantes para mantener su estabilidad económica, es un punto positivo y factor de progreso y prosperidad. Pero esto puede traer también un efecto contraproducente, el llamado efecto cucaracha. 

Esto en el jerga policial se le denomina al efecto que se genera cuando se implementa algún operativo o dispositivo especial de seguridad en algún lugar o región especifico, buscando prevenir, combatir o inhibir la comisión de delitos, y con esto se genera por lógica que el delincuente que logra evadirse, darse a la fuga y cambie su lugar de acción, se cambia de domicilio, de ciudad, de estado, en fin emigra para evitar la acción de la justicia y continuar con sus actividades ilícitas. En algunos casos simplemente se mudan los delincuentes por el jugoso botín que pueden obtener en otro estado. 

En Puebla se ha dado a la alza el robo de combustible en la región conocida como el “Triangulo Rojo” que abarca poblaciones como Quecholac, Acajete, Amozoc, Tepeaca y Palmar de Bravo, donde operan los ya famosos “huachicoleros”. El problema se ha agravado al extremo de que Puebla ocupa ya el tercer lugar en tomas clandestinas.  Recientemente de paseo por tianguis de Huixcolotla pude constatar como en plena luz del día, en las calles se comercializa con la gasolina hurtada. 

Hay que blindar la seguridad del estado de Puebla. Aplaudo medidas como las del gobernador electo Tony Gali,  que en días pasados firmó un convenio de coordinación y colaboración entre Puebla y Veracruz para combatir la delincuencia y blindar la seguridad en las zonas limítrofes de ambos estados. 

Las desigualdades sociales tienden a generar una mayor tasa de delincuencia, por lo que un migrante que ocupa puestos más bajos en la  escala social, mostrará mayor disconformidad conduciéndolo a la delincuencia. 

Apretamos en la Sierra Norte y los maloras aparecen en Huauchinango y Zacatlán, reforzamos nuestra vigilancia en la zona limítrofe con Guerrero y Oaxaca y los secuestradores aparecen en Matamoros y Acatlán. Nos vamos al eterno Río Frío y los cucaros nos aparecen en Huejotzingo y San Martín, por eso es esencial entender el dato del efecto cucaracha que para mi gusto, es uno de los conceptos más tristes y desesperanzadores de la discusión sobre la seguridad pública. Pero no debemos desanimarnos, la seguridad sí funciona, si nosotros denunciamos cuando somos tocados por el delito. 

El combate contra el delito de ningún modo es una causa perdida, si es posible desterrarlo con un poco de imaginación, educando y dándoles actividades culturales y recreativas a nuestros jóvenes. La instalación de cámaras de seguridad seguro que dan buen resultado. Creo, al igual que muchos, que la seguridad pública debe de ser un esfuerzo de todos que legitime la operación de las fuerzas del orden, y me parece imprescindible que la sociedad en su conjunto resguarde el buen nombre del elemento policial.