Opinión

El dominio de la madre

El dominio de la madre es la ternura, he ahí la condición de la autoridad sobre la infancia, que el niño no descubra en ella ninguna pasión, ninguna debilidad que pueda aprovechar.

Que se sienta incapaz de engañarla o de perturbarla, y comprenderá su superioridad por naturaleza. Y entonces la dulzura, la ternura tendrá para él un valor muy particular porque le inspirará respeto.

Cuando el niño pueda comunicar cólera, impaciencia o agitación, se sentirá más fuerte que nosotros porque el niño solo respeta la fuerza.

La madre debe considerarse como el sol de su hijo, astro inmutable y siempre radiante, en el que las criaturas inquietas prontas al llanto y a las risas, ligera y constante apasionada y tempestuosa, busca reservas de calor, de electricidad y de luz para calmarlo y fortalecerlo.

La madre representa el bien, la providencia y la ley, es decir, la divinidad bajo la forma accesible para la infancia, ya sea apasionada, y como tal manifiesta un dios caprichoso y despótico o muchos dioses en discordia.

Tengo también el sentimiento claro de que la madre es un sol, ya que solo se oculta en su luz y en su amor. Que nos llama para ser buenos, para ser ejemplares en la medida de nuestras fuerzas y que nuestra incredulidad y cobardía que para nosotros constituye una imperfección y una debilidad, para ella es una característica que nos refleja la forma más pura de la debilidad humana.

La madre día a día trae consigo el trabajo fecundo y creador, y con una sola mirada da la sensación profunda y etérea del cielo, en la contemplación se desvanece la deformación y los miedos del menor, y lo pule y le da brillo de las cosas finitas, es decir la madre esta atenta desde las primeras luces del alba.

La madre resuelve el problema de los problemas, con una sola palabra te regresa del camino desviado y te hace ver los detalles y las nimiedades.

En fin, podríamos seguir hasta el infinito enumerando las cualidades, bondades y virtudes de las madres, terminando el artículo con estos pensamientos que surgieron de mi reflexión e historia personal:

La madre que camina delante de su sombra. Aquella quien emana la luz como el sol a la mañana. La que nada ha guardado para sí salvo su juventud y el recuerdo eterno de sus hijos.

Aquella que ha extendido su pelo sobre el árbol que florece en mayo, la que fue dócil a las insinuaciones de su hombre. La mujer cuya cara solo veo en la penumbra de mi nostalgia.

La que es visible ahora en el silencio, en mi mente, en mi angustia, con sólo el recuerdo. La que ha estado conmigo en el principio de mi vida, la mujer que trazó las líneas de mi suerte con su prematura muerte.