Opinión

Hacia una cultura de respeto al policía

Sumamente controversial resultó la aprobación, posterior enmienda, por parte del Congreso de Puebla de la “Ley para Proteger los Derechos Humanos y que Regula el Uso Legítimo de la Fuerza por Parte de los Elementos de las Instituciones Policiales del Estado de Puebla”, que ingeniosamente los medios y las redes sociales rebautizaron como la “Ley Bala”.

Recordemos que, quienes tienen que lidiar directamente con las manifestaciones multitudinarias son las fuerzas policiacas, que corren grandes riesgos, soportan botellazos, palazos, bombas molotov, los que arriesgan la vida, un trabajo que además para variar, cuenta condiciones laborales ínfimas, sin ir más lejos, esta semana varios policías resultaron seriamente heridos en los disturbios de San Bartolo Ameyalco, Ciudad de México. De ninguna manera estoy a favor del uso de armas letales, pero tampoco estoy de acuerdo que una turba de desadaptados maten policías.

Fomentar y construir una cultura de respeto a las instituciones de las fuerzas de orden y seguridad, ayudará a ser más efectivos a la policía en su cometido, lo cual se traduce en beneficios para toda la sociedad.

La policía debe abandonar su tradicional aislamiento y abrirse a la ciudadanía, desde una modificación radical de sus bases operativas, transformándolas en dependencias más receptivas a la concurrencia de los vecinos, hasta una fluida vida de relación entre los ciudadanos y sus funcionarios. Y esto se logra, caminando por los barrios, conversando con la gente, conocerla y demostrarle que una de las formas de prevención del delito es también reconocerse como parte y estar para velar por ella.

La protección de las libertades y de los derechos que de ella se derivan, cuando se expresan o ejerzan en público o de modo que trasciendan de lo privado, constituyen parte fundamental de la función del policía.

Las tareas preventivas, educativas y sociales son funciones esenciales de la misma, visto lo anterior podemos decir que la función de policía es la potestad del estado para el ordenamiento de las actividades individuales, con el fin de garantizar el conjunto de elementos sociales necesarios al bienestar y el desarrollo de la actividad humana.

La tesitura, la reciedumbre y el carácter del policía se lleva en el alma y se manifiesta a través del servicio, de la vocación, el heroísmo que sólo llega a quienes imbuidos de los más honorables y altos ideales ven el bien común. La cortesía, la integridad, la prevención, el orden y la disciplina crean el ambiente donde se gestan los valores democráticos y germina la paz, tratemos al policía con amabilidad, cortesía y respeto, y sólo entonces podremos sentirnos hermanados y juntos veremos desarrollarse a los nuestros, a nuestro municipio, al estado y al país.