Opinión

Vandalismo como expresión equivocada del cambio social

El respeto a la libre expresión, a la libre manifestación es un derecho universal, es injustificable la violencia como forma de protesta.

Todos conformamos el Estado Mexicano, y nos corresponde a todos sumar esfuerzos  en favor de la legalidad y el repudio a los actos de violencia, vandalismo y alteración del orden público.

El concepto de vandalismo va asociado al suceso urbano, de tal forma que se traduce como la agresión, generalmente en grupo, de carácter citadino con el fin de producir de forma voluntaria y gratuita daños materiales. Este tipo de violencia se proyecta sobre el mobiliario municipal, paradas de autobús, vehículos públicos y privados, cabinas telefónicas, fachadas de edificios y, en definitiva, sobre todo aquello que se ponga o interfiera en su camino.

El vandalismo no respeta la propiedad ajena, llegando al deterioro e, incluso destrucción voluntaria de monumentos u obras de gran valor, también de propiedad privada como vehículos, saqueo de tiendas de autoservicios, comercios, etc. verbigracia la quema de la puerta de Palacio Nacional es un triunfo para el vándalo.

Durante el periodo de descomposición del Imperio Romano, numerosas tribus bárbaras realizaron incursiones sobre sus territorios, algunas veces de forma pacífica y, la mayoría de las veces, empleando la violencia. Éste último fue el caso de los vándalos, un pueblo germano que atravesó la Galia a principios del siglo V, saqueó Roma.

La palabra vándalo fue probablemente utilizado por primera vez el 10 de enero de 1794 durante la Revolución francesa por Henri Grégoire, obispo constitucional de Blois, en un informe dirigido a la Convención, donde utilizó esta palabra para describir ciertos aspectos del comportamiento del ejército republicano.

Podríamos hablar, en un caso extremo de un vandalismo positivo, si y sólo si existe una justificación moral e ideológica para realizar tales actos destructivos, pero en el caso de México, son claramente jóvenes sicarios, pagados por fuerzas políticas que no dan la cara y que utilizan estos peones mal llamados anárquicos. Si vamos a destruir algo, que sea por algo que valga la pena, como el actual estatus inequitativo  entre el poder, los políticos y los ciudadanos, hagámoslo por la vía democrática.

La violencia engendra más violencia, la violencia por parte de los de siempre, de los que nada les gusta, nada les calienta, todo está mal menos lo que ellos dicen del pueblo bueno así se pierdan vidas, semestres escolares y que nunca los más necesitados tengan al corriente sus clases, es reprobable y debe de sancionarse, y de las autoridades es igualmente reprobable que no intervengan con la debida prudencia a disuadir a esta nueva clase política de intolerantes.