Opinión

Triste e inexorable realidad, policía corrupta en Puebla

Ninguna policía está exenta del riesgo de la corrupción, sin embargo, los procesos de reforma policial con un enfoque integral contribuyen a minimizar este riesgo en la medida que exista liderazgo político, una política orientadora, coordinación institucional y compromiso articulado de las propias autoridades del sector de seguridad.

Nadie podría atender sus negocios, sus estudios, ni labrar su tierra, ni podría vivir con calma si no estuviera seguro de que su propia casa no esté amenazada de las violencias del ladrón o del asesino.

Antes que la prosperidad, antes que el lujo, antes que la alegría, conviene asegurarse de que la vida y el bien no corren peligro alguno. 

Ningún pueblo puede creer en civilización, ni extender el comercio, ni cultivar las ciencias, ni las artes, ni explotar nuevas fuentes de riqueza si ante todo no está seguro y cierto de que en la gran casa que vive, que es su Estado, está seguro de cualquier ataque de los malandros. Antes de crecer y de enriquecerse es necesario que un pueblo esté seguro de su existir. 

Si no hubiera ladrones ni asesinos la casa no tendría necesidad de puerta, ni la puerta de llaves, no tendríamos prisiones ni jueces que acusaran, ni policías que nos cuidaran y así hasta el infinito. 

Pero todo el sistema de seguridad se viene abajo cuando nos enteramos de que el director de la policía en el Estado, Marco Antonio Estrada López, y el jefe del Grupo de Operaciones Especiales, Tomás Mendoza Lozano, son los miembros activos que protegen a las bandas delincuenciales. Parece de horror ¿Qué hacer? 

El orden, la libertad, la seguridad del hogar, de la familia, y los afectos de todo un pueblo se le confían a la policía la cual deberá ser garante de esta protección. 

Ninguna policía está exenta del riesgo de la corrupción, sin embargo, los procesos de reforma policial con un enfoque integral contribuyen a minimizar este riesgo en la medida que exista liderazgo político, una política orientadora, coordinación institucional y compromiso articulado de las propias autoridades del sector de seguridad. 

Las acciones que este gobierno debe emprender deberán incluir la evaluación minuciosa del desempeño de los funcionarios de mayor jerarquía en la fuerza policial, el reemplazo a conciencia de aquellos culpables de corrupción, la instalación de un sistema por el que los funcionarios de alto rango sean controlados por un organismo independiente y el aumento salarial del policía: todo ello con el objetivo de que los policías no se vean obligados al cohecho por necesidad o la ambición. 

Será solo así que llegará un día en que los policías serán sinónimo de protección, y en ellos depositaremos nuestro bien más preciado que es nuestra seguridad de ciudadano, ya que la libertad de los pueblos será defendida por la virtud y la razón, la cultura y la educación.