Opinión

Robert Dahl, el debate y la democracia


Yo creo que la sacudida dada al crimen organizado por la Marina y la DEA al capturar al celebérrimo Chapo Guzmán, se convirtió al instante en un hecho mediático y político, del cual todos los analistas de todos los colores y sabores se han expresado al respecto, por lo que en esta columna le hemos querido dar la importancia que es debida al politólogo americano Robert Dahl.

Robert Dahl falleció el pasado 7 de febrero, a los 98 años, probablemente el más ilustre representante de los estudiosos de la teoría de la democracia de la segunda mitad del siglo veinte. Desarrolló la mayoría de su carrera académica en la Universidad de Yale, desde donde transmitió una extraordinaria influencia sobre la ciencia política que actualmente conocemos.

Y como esta de moda el debate público trataremos de explicar el punto de vista de este gran teórico de la democracia.

Dahl menciona que Aristóteles distinguió en sus tratados Ética a Nicómaco y Política, tres formas justas de gobierno: monarquía, aristocracia y poliarquía (del griego "polýs", mucho y "arché", gobierno, "gobierno de muchos" forma atenuada de democracia) y sus correspondientes formas corruptas (tiranía, oligarquía y demagogia).

El proceso de democratización alcanza su cima, según escribe Dahl, cuando existe debate público y derecho a participar.

El debate público que surge en una sociedad culta, con altos niveles de educación y con un campo muy grande de necesidades cubiertas, será muy diferente del debate público que se puede desarrollar en una sociedad dominada por el hambre y la necesidad. En cuanto a la participación, nos encontramos inmersos en una ola de convulsión ya que la única participación que nos queda es el derecho a voto cada determinados años.

Toda su obra se orienta en torno a un solo empecinamiento, dar cuenta de las características, contradicciones y peligros de la democracia, sus muchas acepciones y las amenazas que siempre acechan a su realización plena. Su supremo éxito consiste en habernos proporcionado el método más completo y eficaz para emprender estos estudios con rigor científico sin tener que renunciar a un análisis eficaz de sus componentes normativos.

En público y en privado no dejó de llamar la atención sobre su máxima preocupación del peligro que para la salud democrática significaban la globalización y la concentración del poder económico. Resultó más que profético. Esperemos que esta nueva generación de politólogos nos brinde otro personaje con ese perfil humano e intelectual, como el del gran Robert Dahl.