Opinión

Reconstruir al PRD, una nueva izquierda

¿En el PRD será posible la unión de las corrientes políticas? La de Jesús Ortega y Jesús Zambrano, Los Chuchos Nueva Izquierda, y Héctor Bautista de ADN Alternativa Democrática Nacional; Nuevo Sol de Silvano Aureoles, Vanguardia Progresista del no perredista Miguel Ángel Mancera Espinosa, Izquierda Progresista de Luis Miguel Barbosa, e Izquierda Democrática Nacional de René Bejarano, la existencia de estas 6 corrientes todas ellas de corte disque socialista nos dan una prueba palmaria de la descomposición interna de la disgregación natural de las doctrinas socialistas.

¿Será posible la unión interna y externa? La unión que es la armonía del hombre, que es la armonía entre su inteligencia y su voluntad, entre su temperamento y su persona, entre la historia y su tiempo, entre la geografía y la persona y su aliento en un partido político que se dice de la revolución y que presume ser demócrata y socializante.

Que no se diga que la unidad es un mito, cierto es que las sociedades cristianas se han dividido por los cismas, pero ¿por qué se ve como imposible que haya unidad en la izquierda? Se comen, se despedazan se insultan, juegan a la competencia, simulan, pero si tomamos en cuenta que la unidad es la consecuencia de la verdad, la integración de la persona por lo mismo, el orden en el interior del orden mismo, orden que es la posesión de la humanidad y el orden de la sociedad, siendo así el orden entre la persona y la naturaleza. 

Así vemos como pasa el tiempo y las izquierdas no se unen, sino que se dedican a competir entre ellas mismas, unas contra otras llevando a cabo así su obra de destrucción.

El espectáculo que dan las izquierdas en México, es de disgregación, se entorpecen unas a otras, se odian y a veces se matan o los matan, las luchas internas o intergremiales casi siempre tienen un saldo de sangre y así vemos como Morena se complace en unirse y apoyar al gremio más corrupto y nocivo para la niñez mexicana, cobrando ya su cuota de sangre en Nochixtlán.  

Y en nuestra Puebla un PRD desdibujado, perdedor, sin rumbo ni brújula apenas asidos a la corriente que regentea Luis Miguel Barbosa que cada día pierde adeptos y por consiguiente más votos dejando al garete la concepción unitaria del partido. 

La situación del partido es de vida o muerte, fruto de una lucha fratricida. No se resolverá de manera inercial, ni tersa. La esencia del liderazgo está en reconocer y enfrentar una realidad difícil y encontrar la ruta hacia un futuro viable. Esto siempre implica salir de la zona de confort y buscar nuevos enfoques, estrategias, formas y herramientas; cuestionar para confirmar o para innovar, esta es la nueva izquierda.

El partido está obligado a dar un golpe de timón en la elección por venir, deberá emprender y fijar las condiciones políticas actuales. Existen condiciones adecuadas para la unificación y posterior crecimiento de la izquierda, yo creo que sí, sin embargo, si para el 2017 no tenemos un plan electoral competitivo, sin temor a las alianzas, con un mensaje creíble y un acuerdo político funcional, este podría ser el escenario ideal que de ningún modo debemos desaprovechar.

Me gusta esa izquierda que es capaz de funcionar en la democracia; que puede ejercer sus derechos constitucionales sin violencia; que puede confrontar a sus rivales políticos con firmeza y sobre todo que puede aportar soluciones y dar respuesta a los dilemas de la realidad mexicana, será la que adquiera la capacidad de construirse como alternativa en el presente y futuro inmediato.