Opinión

PRD, partido en pugna


Las sociedades humanas siempre han sufrido divisiones internas de carácter político. El conflicto social es una de las formas básicas de la vida en sociedad. En todos los tiempos, sus miembros se han agrupado en clanes, bandos o mejor conocidas en nuestro medio como tribus, enfrentados acerca de cuestiones que afectaban los intereses de grupos sociales más o menos importantes dentro de la colectividad.

Determinados hombres han asumido el liderazgo, de modo que el grupo era su clientela, el líder se identificaba social y políticamente con el grupo, y todos juntos defendían intereses comunes.

El partido político se hace necesario para organizar y activar la voluntad política de las masas en función de los procesos electorales.

Un partido político es una asociación de personas con las mismas concepciones ideológicas que se proponen participar en el poder público o conquistarlo y que para la realización de este objetivo posee una organización permanente.

Luego de ver estos hechos de la historia, quizá resulte más fácil entender por lo que atraviesa hoy en día el PRD, el partido que sigue contando con el apoyo contundente de las clases populares del pueblo de México, enfrenta de nueva cuenta esa incurable enfermedad que ha padecido que no es otra que la división partidaria.

El PRD debe de rediseñarse, debe ir cuesta arriba dándole entrada a los jóvenes y estos deben realizar cambios modernizadores para así desplazar a estos viejos robles del PRD causantes de las permanentes divisiones.

En fin o se cura el paciente o se resigna la gran familia perredista a la contemplación de un fracaso electoral proceso tras proceso.

El próximo año habrá elecciones federales, se pronostica que el voto de la izquierda se va a dividir entre cuatro partidos y los tres menores quieren ganar electores al mayor que es el PRD, estas votaciones serán las que acomodarán las piezas rumbo al 2018.

A Bejarano, Padierna, Camacho, Ebrard y de paso al cura Alejandro Solalinde hay que recordarles que la resta aritmética nunca será sumatoria y menos en política, y que cogobernar no es traición a la patria si no es apresurar el bienestar social bajo la óptica de la izquierda.

La serenidad para enfrentar los nuevos desafíos la integración para lograr la fuerza, las reglas claras y coherentes para evitar en lo posible el padecimiento de la división partidaria, esto es lo que nos merecemos los perredistas que sufrimos cuando vemos a nuestros líderes devorarse entre sí, antes de luchar unidos por nosotros.