Opinión

Je suis Charlie

La Francia fue herida. Los hombres que dirigen la opinión por medio de la caricatura fueron tocados de muerte al oponerse a las reacciones contra las ideas.

 Los otros, los malos, los fanáticos dominados por el pensamiento equivocado de la ley del Islam que no supieron jamás bien interpretarla, asesinaron a sangre fría a estos caricaturistas que trataron de enmendar a la humanidad  y a la autoridad con sus bellísimas caricaturas, estos caricaturistas que son hombres iluminados y que son depositarios del poder legítimo de hacernos ver con alegría la preocupación funesta del devenir de la vida, por lo que nosotros deberemos defender a toda costa esta inmensa fuerza de opinión.

 Si no fuera así, le estamos quitando su imperio a la razón por el uso que hace del raciocinio, que ha sido una fórmula y un derecho para ser escuchados y vistos de una forma amable por los gobernantes.

 Un grupo de sectarios, apartaron de las ideas de libertad a estos hombres que parecían estar destinados a ilustrar y a hacer más ameno y simpático el acontecer del día a día.

 La incredulidad nos trae a la memoria, las atrocidades del estado islámico, porque son unos asesinos detestables que en este caso sacrificaron a amantes del libre pensamiento en nombre de una filosofía religiosa que no coincide con el argumento de los que cometieron estos atentados y los tormentos de las víctimas parecen abogar a favor de dogmas que sólo hablan del horror que inspiran a  unos y a otros se compadecen de ellos.

 Así los delirios del islamismo deshonran por mucho al profeta, nos hacen pensar que estamos en otra época en donde las pasiones juzgaban las ideas que buscan un pretexto para aniquilar a aquel al que no piensa como ellos.

 Buscando cualquier pretexto para cometer en nombre de Alá actos criminales, que para mí son momentos de confusión en los cuales solo debe de pensarse en disiparlos, ya que los malvados reunidos alrededor de una doctrina que por casualidad han puesto en sus manos y que por mero impulso y sin examen alguno abrazan la opinión de los desorientados.

 Es indispensable que las luces no se apaguen; que la humanidad se iguale y se eleve; y que cada una de las generaciones venideras recuerden que la muerte de estos hombres deja a lo menos tras de sí un camino iluminado que marque siempre la hermosa senda de la caricatura universal.

 Y que la imprenta siga por siempre consignando los progresos del entendimiento del hombre moderno.