Opinión

Enigmas de la historia

No cabe la menor duda que en nuestro país políticamente se sigue actuando como en la época del Imperio Romano, dándoles (pan) circo, maroma y teatro a los ciudadanos para distraerlos de los temas fundamentales por los que está atravesando México.

Y es así como el pasado 10 de febrero del presente año, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos recibió una queja interpuesta por los  “licenciados” Martí Batres Guadarrama, Andrés Manuel López Obrador, Manuel Bartlett  Díaz y Ricardo Monreal Ávila, relacionada con la actuación del gobernador del Estado de  Puebla, Rafael Moreno Valle Rosas.

En el comunicado los quejosos señalan “reiteradas violaciones a los derechos humanos en agravio de los habitantes” de esa entidad, así como conductas como “represión, persecución y encarcelamiento contra cualquier disidencia social”

A pregunta concreta, durante una gira de trabajo realizada en el municipio de Hueytamalco, sobre la queja que interpuso López Obrador, el gobernador Rafael Moreno Valle respondió:

 “Con Andrés Manuel tenemos profundas diferencias y fundamentalmente podríamos resumirlo explicando que él no cree en las instituciones y yo sí, yo respeto el Estado de Derecho y aplico la ley, entendiendo que los derechos de una persona terminan cuando infringen los derechos de otra”.

Agregó que es responsabilidad del gobierno estatal salvaguardar los derechos de todos los ciudadanos, tanto a manifestarse como a transitar libremente. “Si una persona bloquea una carretera, se aplica la ley, es la responsabilidad y obligación del Estado… Yo sí creo en las instituciones. Yo respeto el Estado de Derecho y aplico la ley como es mi responsabilidad”, concluyó.

Siempre habrá quien quiera usar el sabotaje político para despertar el odio entre la ciudadanía contra algún contrincante político, por mero electoralismo, sin ningún fundamento o siquiera prueba fehaciente.  

Este tipo de políticos frívolos, imprudentes, con cierto grado de mesianismo, afectan el buen desarrollo del estado de derecho y al ejercicio democrático, porque nuestro sistema garantiza que cualquier ciudadano, incluido esta heterodoxia, pueda defender sus ideas por las vías democráticas. Lo que no debemos aceptar es que nos quieran imponer dogma alguno por medio de acusaciones que rayan en la difamación. 

Andrés Manuel a lo largo de su carrera política mediante sus acciones, ha demostrado que no es más que un jácaro, un incivil, que usa la teatralidad para así alcanzar el poder, traicionando a quienes lo encumbraron. Estamos presenciando los primeros escarceos de la contienda presidencial del 2018 entre el Estado de Derecho y “el estado soy yo”. Esperemos que estas malas prácticas políticas desaparezcan en un futuro no muy lejano y queden como enigmas de la historia.