Opinión

Chapulines cacique

Los chapulines, saltamontes, grillos, y langostas, del Orden Orthoptera, son un grupo de insectos muy famosos por el rechinar que producen con sus cuerpos, que inmortalizó Gabilondo Soler nuestro eterno Cri-Cri; algunas de sus variedades se consumen como alimento en México, además muchas de estas especies son colosales plagas dañinas  para el sector agrícola, y la subespecie del chapulín cacique  también podemos sintetizarlas como plagas políticas que con su insaciable voracidad dañan a la democracia.

Ante el apuro  por alcanzar un lugar entre las candidaturas de sus partidos que les permitirá continuar en las listas de privilegiados asalariados de los fondos públicos, desesperados funcionarios dejan incompletos sus periodos gubernamentales en sus estados, entre diputados locales, alcaldes y miembros de cabildo cunde el síndrome del chapulín político, ya que se sienten salvadores de la patria, y de los que no solo saltan de puesto en puesto sino aquellos que saltan de partido a partido, para alcanzar el mismo fin, se llaman chapulines caciques.

El chapulín es un político que salta de un cargo a otro independientemente de que lo haya hecho bien o mal su trabajo. Es más hay casos en los que ni siquiera comulga con el partido en que milita, sino que su presencia obedece meramente a intereses particulares.  Así al terminar su ciclo, se aprestan cómodamente a romper el vínculo con la ciudadanía de rendirle cuentas, por eso muchos proponen la reelección que podría mejorar significativamente  esta situación. 

En estos tiempos se ha hecho costumbre el cambiar de partido político, del PAN al PRD, del PRI a Morena, del PRD a PAN y en la mayoría de los casos obedece al resentimiento que nace por no haber sido el elegido para participar en una contienda electoral, y los menos importantes se refugian en la pedacería del partido PT, Movimiento Ciudadano, Encuentro Social, Nueva Alianza, etc., incluso en ciertos casos la plaga se refugia en los fértiles campos del Mesías Tropical, con la novedad de que pueden salir seleccionados por sorteo en la tómbola.

Si intentáramos buscarle un lado bueno a esto de los chapulines, sería que los legisladores que hacen carrera política generan políticos de profesión, pues es preferible tener políticos “experimentados” que improvisados que vayan cambiando cada tres años o seis años.

El cinismo del chapulín político llega a ser tal, que piden licencia de su cargo, se van a ostentosas e inútiles  campañas electorales  y luego pierdan o ganen, regresan a cobrar hasta el último centavo de su salario.

Conozco y sé de chapulines caciques que llevan treinta años o más saltando de la diputación a la senaduría, a la gubernatura, regresan al senado y a la diputación y así ad infinitum. Fumiguemos con dosis altas de democracia a estas plagas que tanto daño le han hecho a la vida moderna del país.