Opinión

Ayotzinapa, una historia que debe ser contada

Historia de la imbecilidad o de la estupidez política es la que algunos o muchos “disque” salvadores de indios han creado alrededor de la tragedia de Ayotzinapa. Que como abogado y como cuando joven, que también lo fui,  creía en una causa y nunca le servía con mentiras; es por lo que el caso de Ayotzinapa para mí es caso cerrado y está terminado por lo siguiente. 

La Procuraduría General de la República ha presentado varios testigos que han dado testimonio puntual de sus actos manifestando la forma de cómo fueron asesinados  y cremados los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. El periodista Jorge Meléndez nos reseña, sintetizando las declaraciones de la siguiente forma:

Felipe Rodríguez Salgado, alias El Cepillo o El Terco, sicario de Guerreros Unidos, contó cómo el 26 de septiembre le avisaron que a las 9:30 p.m. les llevarían unos “paquetes” es decir, los estudiantes. Iban ocho patrullas municipales, cerca de 35 policías y entre 38 y 41 “paquetes detenidos amarrados con mecates, algunos con esposas y otros ensangrentados”. Se los llevaron en un camión de 3.5 toneladas al basurero de Cocula. “Antes de llegar al basurero pateé a uno de los estudiantes que iba debajo de mí y le pregunté que quién los había mandado y me dijo que los mandó El Carrete (jefe del cártel de Los Rojos) de Cuernavaca y en ese momento le marqué una ‘X’ en la espalda con pintura en aerosol”.

El Terco menciona que cuando llegaron al basurero, los de abajo estaban muertos por asfixia, ya que todos iban apilados, y que quedaban vivos unos 18 jóvenes. Agustín García Reyes, El Chereje, detenido en octubre de 2014, cuenta que “al llegar al basurero, El Jimmy  estacionó la camioneta y ambos empezamos a bajar a los estudiantes que traíamos atrás, los jalamos de los pies y los arrojamos al piso boca abajo y los cuatro (que iban en la camioneta pequeña) estaban vivos”. En seguida, dice El Chereje, “llegó la camioneta grande y El Cepillo (El Terco), el Jona, el Pato, el Chequel, el Güereque y el Primo, así como el Bimbo y el Pajarraco, empiezan a bajar a los estudiantes que iban amontonados”. Diferentes testimonios de sicarios aprehendidos concuerdan en que los sobrevivientes fueron asesinados a palazos.

Continua el Chereje: “Comenzamos a amontonar muchas piedras y empezamos entre todos a acarrear los cuerpos hacia el círculo y los vamos acomodando. El Terco les echa diesel o gasolina de un galón de veinte litros, les prende fuego con un encendedor y les vamos echando leña y plástico… comienzan a arder y yo sigo juntando botellas, llantas, cualquier plástico para que no se apagara el fuego”.

El sicario, Salvador Reza Jacobo, alias El Lucas, cuenta que cuando los están quemando: “le echaron relajo a El Jona y que le dijeron “a que te rajas Jona a comerte un pedazo de carne humana y el Jona agarró un pedazo de carne y se lo comió. Dijo el Jona, cuenta El Lucas, que sabía bueno y El Pato dijo que cuando se están quemando huele mejor que la carne asada”.

Narra El Chereje y coinciden los demás sicarios que: “permanecimos cerca de quince horas, hasta que nos dieron las cinco de la tarde… esperamos que se enfriaran las cenizas y los recogimos con la mano y unas botellas. Sólo había una pala. Ocupamos cerca de ocho bolsas de basura… llegamos al río San Juan como a las seis de la tarde y empezamos a arrojar las bolsas completas al río y de ahí nos regresamos”.

Estos hechos nos deben de doler a todos los mexicanos, pero debemos tener en cuenta que la interpretación de los hechos, de las declaraciones y los documentos son rotundos porque son auténticos, lo demás son mitos que deben ser desterrados y que unos cuantos usufructúan a nombre de los menos. Estos deberán tener nuestro reproche ya que no es posible que entre nosotros mismos distorsionemos una verdad que por cruda que esta sea ya fue develada, hay que asumirla para que jamás hechos similares sucedan otra vez.