Opinión

Alienación parental

Ahora que el Presidente de la República Enrique Peña Nieto mandó al Senado la iniciativa preferente de la Ley General para la protección de niñas, niños y adolescentes, es preciso hablar sobre la alienación parental.

La Alienación Parental es un conjunto de síntomas que se produce en los hijos cuando un progenitor, mediante distintas estrategias, transforma la conciencia de los niños con objeto de obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor, es decir el término se refiere a la conducta llevada acabo por el padre o madre que conserva bajo su custodia al hijo o la hija y realiza actos de manipulación con la finalidad de que el menor de edad, odie, tema o rechaze injustificadamente al padre que no tiene su custodia legal.

Sin embargo, la existencia de este síndrome de alienación parental no ha sido aceptada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) ni por la Asociación Americana de Psiquiatría, por ahora, pero por la incidencia mayor de estos casos deberá considerarse en esta iniciativa.

Normalmente, este fenómeno se desencadena por uno de los padres respecto al otro, tras un proceso de divorcio o separación. También puede estar provocado por una persona distinta del tutor del menor, como una nueva pareja, uno de los abuelos, un tío, etc.

La alienación parental está considerada como una forma de maltrato infantil. Por esta razón, el diagnóstico de este síndrome requiere que no exista maltrato previo, psicológico o físico, a la madre y los hijos, por parte del progenitor alienado.

Alguno de los padres desarrolla un mensaje y un programa en los hijos, lo que coloquialmente denominamos “lavado de cerebro”. Los hijos que sufren este síndrome desarrollan un odio patológico e injustificado hacia el progenitor atacado, que conlleva a graves consecuencias en su desarrollo psicológico en forma inmediata.

Muchas veces la alineación parental provoca en los impúberes un deterioro de la imagen que tienen del padre alienado, resultando de mucho menos valor sentimental o social que la que cualquier niño tiene de sus padres, es decir, no se sienten orgullosos de su padre o de su madre como los demás niños.

El disfrute de las niñas y de los niños, con sus padres y la convivencia familiar debe de estar garantizada para ellos aún cuando los padres estén divorciados, este es el acto formalmente jurídico y de naturaleza moral en el cuál podemos hablar de un caso exitoso en la solución de un conflicto de separación.