Se descubrió que...

Hay últimas noticias del Big Bang

Aún recuerdo la emoción con que compré, durante un año sabático en París, la edición francesa de Los tres primeros minutos del universo, de Steven Weinberg. La leí como si fuera la Torá, el Génesis Verdadero.

Bien, hace tiempo que la cosmología rebasó el primer segundo y anda por las fracciones infinitesimales. Eso a pesar de la prohibición del papa Juan Pablo II al Congreso de Cosmología en Roma. El Papa les ofreció una cita a los científicos. El ahora santo defensor de los paidófilos les expresó su acuerdo con la teoría del Big Bang (acuerdo que no habían ido a pedirle). Tenía una sola objeción: el instante mismo del Bang era intocable porque es “el momento en que Dios está creando”.

No contaba con que en la audiencia especial tenía a un chismoso, Stephen Hawking. Soltó urbi et orbi las palabras pontificias y añadió: “Ahora sé lo que sintió Galileo”. No, no lo sintió, porque el Papa ya no tiene hogueras ni mazmorras para los que no acepten sus límites. Stephen pudo haber soltado una irrespetuosa carcajada con: “Yo investigo lo que se me pegue la gana” y no habría habido fuerza, civil ni religiosa, que lo detuviera. El papa Francisco quizá le habría puesto un bofetón.

Como nadie les hace el menor caso, Vlatcheslav Mukhanov (Mujanov), cosmólogo de la Universidad Ludwig-Maximilians de Múnich, ha empleado datos del telescopio Planck para confirmar “más allá de cualquier duda razonable su teoría del origen cuántico de la estructura del universo”.

En una explosión perfecta, la energía primigenia se aleja sin formar estructuras. En otras palabras: ¿por qué se hizo grumos el atole? El paulatino enfriamiento producido por la creación de más espacio (siguiendo la ley de Boyle y Mariotte) hizo que los quarks pudieran quedar atrapados por gluones, del inglés glue: pegamento, en los primeros protones. A más baja temperatura los protones atraparon electrones y tuvimos los primeros átomos de hidrógeno. ¿Por qué?

¿Qué pasó? “¿Por qué se formaron estrellas, planetas y enormes galaxias?” Son las preguntas a las que trata de responder Mukhanov con su equipo.

“El telescopio a bordo del satélite Planck ha medido la distribución de la radiación de fondo cósmica en microondas (CMB) que, en esencia, nos dice cómo se veía el universo unos 400 mil años después del Big Bang”. Explica Jean-Loup Puget, investigador principal del satélite: “Los datos del satélite Planck confirman las predicciones básicas que postulan fluctuaciones cuánticas como el origen de todas las estructuras del universo”. Mukhanov, quien planteó esa posibilidad desde 1981, dice: “No podría esperar mejor verificación de mi teoría”.

El planteamiento de Mukhanov parte del bien establecido “principio de incertidumbre de Heisenberg: hay un límite en la precisión con la que se pueden determinar el momentum y la posición de una partícula en cualquier momento dado. Esto implica que la distribución inicial de materia inevitablemente exhibió ligeras inhomogeneidades en densidad”, grumos. Los cálculos de Mukhanov demostraron que esas fluctuaciones cuánticas, al ritmo del principio de incertidumbre pudieron, a su vez, servir como semillas para galaxias y racimos de galaxias.

Ya se tenían datos en el mismo sentido hace dos años. Ahora el mapa es más detallado, “revela con precisión sin precedentes los patrones de las fluctuaciones primordiales en el universo joven”. Cuando vemos al cielo, vemos el pasado: el Sol hace 8 minutos, una estrella hace 10 años, otra hace 10 millones de años (quizá ya desaparecida). Pero cuando vemos con el telescopio Planck, vemos el universo en el instante en que la temperatura permitió emerger a la luz, como permite a los fotones creados por la fusión solar, ir perdidos por el desierto del centro solar durante miles de años hasta alcanzar la superficie y salir despedidos para alcanzarnos en sólo ocho minutos.

Así ocurrió hace 13 mil 800 millones de años. Y esa luz, confín del universo, contiene información para “reconstruir la distribución de materia y energía durante el nacimiento de nuestro universo”.

Cuentos: El vino de los bravos (y unos tequilas), Planeta.

 

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