Se descubrió que...

El que con lobos anda…

Un reciente estudio de la Universidad Yale da razón a nuestras abuelas: el que con lobos anda, a aullar se enseña. Ni raza, edad, sexo, pandillerismo o pobreza predicen mejor quién caerá víctima de violencia con armas de fuego que las redes sociales de una persona, según estudio conducido por Andrew Papachristos en Chicago (la latinización del apellido, en español, sería Papajristós), con j de jícama.

Esos factores, si bien implican riesgos, no tienen la importancia que se les ha dado. Hay una tendencia simplona y malévola a culpar de la violencia a la pobreza, lo hacen, enorme paradoja, sobre todo las izquierdas: culpan a los pobres y confunden pobreza con desigualdad, lo cual es aberrante. La desigualdad pierde importancia cuando se tienen estándares mínimos de bienestar. La riqueza no se describe con un juego matemático llamado “de suma cero”: lo que un jugador gana otro lo pierde. La riqueza se crea. Y, sin duda, se reparte muy mal.

En nada nos perjudica a los mexicanos si un día las empresas de Slim valen el doble: pero nuestra desigualdad se duplicó. Si pierde, la desigualdad disminuye. Y en nada nos beneficia.

 “Es con quién te juntas lo que te mete en problemas. Es trágico, pero no es al azar”. El estudio, que lleva como coautor a Christopher Wilderman, se publicó en The American Journal of Public Health de este 14 de noviembre.

Papajristós hace notar que el crimen, como las enfermedades infecciosas, sigue patrones determinados. Un gripiento enferma en primer término a quienes lo rodean, familiares o no, simpatice con ellos o no. Así también “gente en la misma red social (en sentido amplio, no en el de redes por internet) es más probable que incurra en conductas riesgosas similares, como portar armas de fuego o participar en actividades criminales, y esto mismo incrementa la probabilidad de que resulte víctima”.

El estudio revisa los datos acerca de homicidio por arma de fuego de 2006 a 2011 en las seis millas cuadradas con algunas de las tasas de homicidio más altas en Chicago. Los datos son notables: sólo el seis por ciento de la población estuvo involucrada en el 70 por ciento de los asesinatos y ese mismo seis por ciento incrementó en nueve veces (900 por ciento) su probabilidad de caer víctima de homicidio por arma de fuego. “Podrías con facilidad identificar quiénes son esos puntos en los mapas de la red y dirigir los recursos de acuerdo a los resultados”. Eso es, exactamente, lo que hace el Departamento de Policía de Chicago.

La nota no lo señala, pero un área matemática describe esos datos. De eso di clases por años: Teoría de Grafos, que estudia relaciones expresables por puntos y rayas que los unen. Los puntos se conocen como vértices, las rayas como aristas. Esa rama de las matemáticas combina probabilidad, álgebra y topología. Mi tesis de licenciatura comenzaba por plantear el problema de los puentes de Königsberg (Monterrey en español). El río Pregel tiene dos islas en esa ciudad, como París, y siete puentes unen las riberas y las islas. Se preguntó Leonhard Euler si era posible que un paseante recorriera los siete puentes una y una sola vez.

Mis alumnos debieron soportar mi entusiasmo, fuera de programa, por los puentes de Königsberg y los trabajos de Claude Berge. Pero es la única forma de resolver un sociograma con más de cuatro o cinco participantes y usar una computadora. Una sola alumna se interesó: Sara Woldenberg, hermana de Pepe y madre de Salomón Chertorivski, hoy a cargo de la Secretaría de Desarrollo Económico del GDF, lo cual, no crean, es un duro golpe para mí como recordatorio de edad.

La policía de Chicago identificó, con análisis de redes, a los veinte residentes con mayor riesgo de disparar o que les dispararan. Un comandante visitó a estas personas de alto riesgo y el asunto ya comenzó a parecerse al filme Minority Report, les explicó por qué estaban en esa lista de riesgo, etcétera. Luego Papachristos extendió el estudio a toda Chicago y más de 170 mil personas.

Muchachos: se lo hubieran encargado a Sara.

Novedad 2013: No hubo barco para mí, Cal y Arena (Colección Ensayo personal).

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