Se descubrió que...

La física hace la mejor filosofía

Filosofía, ¿para qué? Estamos ante el clásico malentendido entre dos partes inteligentes. Lo peor es que lo ha llevado a extremos un gran divulgador de la ciencia y sobre todo de la astronomía, Neil deGrasse Tyson.

Los físicos actuales, sin hacer más que física cuántica, están respondiendo, por ese medio, las preguntas esenciales, primigenias de la filosofía: qué es el mundo, de qué está hecho, se puede conocer o no, cómo probamos que algo es verdad, qué reglas debemos seguir para acertar siempre, ¿hay manera de certificar que un conocimiento es válido?

Son preguntas de todas las épocas y todas las culturas, pero solo una vez, en la Jonia del siglo VI a. C., los filósofos se dieron a la tarea de explicar la naturaleza por la naturaleza misma. ¿Y los dioses? Puedes creer en ellos o no, pero no los necesito para explicar el mundo y encontrar si tiene armonía, leyes que me permitan rellenar huecos. Es Tales de Mileto. Una de las tragedias de la Grecia actual es que Mileto, como Esmirna, centros que irradiaron al mundo las primeras nociones de ciencia, esto es: naturaleza explicada por la naturaleza, hayan quedado en la costa egea de la actual Turquía, la antigua Jonia. Los filósofos jonios o pre-socráticos, pues pusieron las bases para Sócrates más de un siglo después, buscan respuestas naturales.

Sus primeras respuestas fueron científicas porque se atenían a la observación, los datos, el razonamiento y la construcción de teorías donde se armonizaran las diversas partes para dar lo mejor de la ciencia: su poder de predicción. Pero equivocadas: ni el agua, ni el fuego, ni el aire son la esencia del Cosmos. Son los números, señala Pitágoras, y es quien más se acerca. Hubo “fiebre jónica” en entusiastas palabras de Koestler y Sagan

Otros pueblos hacen observaciones, algunas de ellas muy detalladas: las tablas astronómicas caldeas son exactas para los movimientos celestes, y las mayas para determinar el año de Venus o eclipses solares. ¿Pero? Uno esencial: los eclipses siguen causados por una enorme serpiente que se traga al Sol, se indigesta y lo vomita. Para decirlo con elegancia: mamadas, mamadas religiosas. Sin respuestas naturales no hay ciencia.

Con la intuición de Planck acerca de que la energía viene en minúsculos paquetes para los que buscó el término latino quantum: cuánto, apresura la física sus repuestas a las viejas y queridas preguntas de los filósofos jonios.

Filosofía: ¿Qué es el Cosmos? Respuesta de la física: son dos familias esenciales de quanta: fermiones como electrones y quarks que hacen átomos y materia, y bosones, como los gluones, que transportan fuerzas para unir partículas en átomos, átomos en moléculas y éstas en elementos. Los quanta son oscilaciones de campos que permean el universo; el electromagnético se expresa en luz y magnetismo, luz tanto visible como invisible al ojo humano, radiación X, infrarroja, ultravioleta, radio en enormes ondas.

¿Qué es la vida? Es un proceso de la materia organizada: quarks y gluones, electrones. Todo eso subsumido en campos del espacio-tiempo. Y el espacio que no es un hueco, sino un tejido que se curva ante la masa, como un cielo raso se pandea al peso de una pelota. Y se rompe.

¿Hay un método para no equivocarnos? Descartes dice que sí en sus Reglas para la conducción de la mente, pero es ingenuo. En 1900 David Hilbert hizo la pregunta ante el Congreso Internacional de Matemáticas: ¿Podemos construir un procedimiento de comprobación a prueba de errores? El gran modelo fue la Geometría de Euclides. Russell y Whitehead se pusieron a trabajar. La respuesta llegó en 1931: Kurt Gödel demostró que puedo tener un procedimiento que resuelva un problema, pero no hay uno que los resuelva todos.

Se puede ser y no ser, en superposición de estados. El ser y la nada: no hay frontera fija: la incertidumbre produce en el vacío partículas virtuales y su presión ha sido medida por Casimir y Polder.

¿Y Dios? “Esa hipótesis no fue necesaria en mi teoría, Sire”, dijo Laplace a Napoleón.

La gran ciencia hace, lo busque o no, gran filosofía.

 

Cuentos: El vino de los bravos (y unos tequilas), Planeta.

 

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