Se descubrió que...

El extremismo político se alimenta de medios

El surgimiento del extremismo político, tan bien caracterizado por Trump en Estados Unidos y López Obrador en México, es producto de que las campañas de los candidatos a puestos de elección por voto ciudadano se hayan vuelto largas, "llenas de debates y noticias constantes reportadas por coberturas de los medios", según nuevo estudio de la School of Business Administration de la Universidad de Miami. Acaba de aparecer a principio de marzo en el American Economic Journal: Economics.

Para la investigación se empleó un modelo matemático tomado de la teoría de juegos. De ahí tenemos dos muy conocidos ejemplos: los juegos de suma cero, que son aquellos donde forzosamente lo que alguien gana otro lo pierde, y el dilema del prisionero: la alternativa entre colaborar con un colega y ganar menos o competir y ganar más. El modelo suma cero lo empleamos muchos para explicar, con datos sencillos, que la riqueza de Bill Gates o de Carlos Slim no la pierden los pobres sino es creación, sobre todo la de Gates: ofrece bienes antes inexistentes, programas de computación que se vuelven instrumentos necesarios en toda empresa o computadora personal.

Los investigadores de la Universidad de Miami encontraron que "la mayor extensión de las campañas, que así ofrecen a los votantes más información sobre el carácter de un candidato: su integridad y cómo presenta sus discursos e intercambios sobre asuntos espinosos, atrae votantes más que sus posiciones políticas. Con esto en mente, los políticos ahora tienen menos incentivos para moderar sus mensajes, táctica con frecuencia empleada para atraer votantes indecisos pues tienden a votar por candidatos más moderados".

En el caso de Trump son estas consideraciones las que lo llevan a perder esos votantes moderados para ganar los atraídos por el estilo rudo, sin matices y de golpeteo incesante. Los temas pueden ser tan triviales como levantar una especie de muralla china entre México y Estados Unidos pagada por México bajo amenaza de guerra, idea estrafalaria, o vender el nuevo avión de la Presidencia porque "no lo tiene ni Obama", idea infantil. A Trump le lleva votantes atraídos por la decisión con que se expone el tema. Al mexicano le acarrea simpatías entre quienes no tienen idea acerca del producto nacional de México, de nuestros intercambios comerciales en millones de dólares por minuto y oyen con alarma el número "siete mil millones", aunque no serían suficientes ni para pagar un año de mantenimiento a los partidos políticos.

No es el fondo, porque en realidad no lo hay, está vacía de sustancia la expresión, sino el estilo directo, golpeador, la mandíbula mussoliniana, el puño cerrado, el dedito apuntador. "Los candidatos basan sus plataformas en cómo capturar la mayoría de los votantes y nuestra investigación sugiere que el extremismo es con probabilidad algo que veremos más conforme las campañas se vuelvan más y más largas".

Aquí una observación anecdótica: fijémonos en los debates públicos: un auditorio lleno hasta los topes, un escenario con una mesa larga y autoridades X de un lado, opositores enfrente, ya sean estudiantes en huelga, maestros que exigen tener el reparto de la nómina, electricistas que se niegan a perder la empresa que ellos mismos quebraron con exigencias por encima de las utilidades... Todo eso lo hemos visto sin el estudio conducido por Raphael Boleslavsky y Christopher Cotton.

El resultado en vivo es una insoportable búsqueda, en el caso de los demandantes, de la frase aguda, el insulto bien redondeado, el chiste a costillas de las autoridades. Se busca el aplauso fácil y la risa de los espectadores porque lo único que hay es espectáculo. Quien pretenda exhibir una gráfica, una proyección de utilidades a dos años, ofrezca, en suma, argumentos ligeramente complejos, pierde al instante la atención del auditorio... y el debate.

GANDAYA. En el diccionario de la Real Academia, DRAE, sólo existe con Y: vago y malviviente. En México añadimos un matiz: abusivo. Pero sólo pronunciamos la Y, somos yeístas: la caye, cáyate, gayetas. Luego, es absurdo escribirlo con la letra que el 99.999% no sabe que sea distinta, no sabe pronunciarla ni la acepta la RAE.

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