Se descubrió que...

Víctimas y victimarios son hombres 9 a 1

Son números que saltan por encima de regímenes sociales, formas de gobierno, raza, religión y escolaridad: en la muerte por violencia, los muertos son hombre y los matan hombres. Ya sea en El Salvador, Japón o Suecia. La más grande masacre ocurrida en Estados Unidos, país que nos tiene acostumbrados a periódicas masacres dentro de su territorio, el ataque contra los clientes del bar Pulse en Orlando, Florida, la cometió un hombre, la mayoría de las víctimas fueron hombres, tanto muertos como heridos.

"Las mujeres que incurren en violencia mortal son diferentes en muchos sentidos a los ejecutores masculinos": eso muestra un estudio sueco recién publicado en el International Journal of Forensic Mental Health.

"Suecia está en el grupo de países con el más bajo número de homicidios per cápita. Como en otras partes del mundo, la mayor parte de los casos de violencia mortal los cometen hombres: En nueve de diez casos el perpetrador es un hombre".

Participaron investigadores de la Academia Sahlgrenska, el Instituto Karolinska, la Universidad de Estocolmo, el National Board of Forensic Medicine y el National Council for Crime Prevention. Analizaron datos de muertes violentas en Suecia acumulados en los veinte años de 1990 a 2010: 1570 casos. La más evidente observación (luego de deprimirnos por nuestros números) fue que se conservó estable, en esas dos décadas, la proporción de 9 a 1 en el sexo de los perpetradores. Otra fue que el número de casos tendió a disminuir.

A pesar de la disminución en los números de homicidio, la proporción por sexo del atacante se conservó 9 a 1. "Una víctima adulta muerta por una mujer fue con frecuencia hombre y en relación íntima con su atacante. La víctima estuvo con frecuencia bajo la influencia de sustancias (alcohol, drogas) al momento del crimen y murió acuchillada", señala Thomas Nilsson.

Otra diferencia cuando la víctima fue hombre y el atacante mujer es que hubo violencia previa entre víctima y victimario cuando éste es mujer y que las mujeres cometieron el crimen con más frecuencia en el ambiente del hogar. "El hogar fue la más común escena del crimen en todos los casos, pero más aún común si el perpetrador es mujer; el asesinato tuvo lugar en el hogar en casi 9 de 10 casos".

Cuando la víctima es un niño, las mujeres usaron la asfixia con más frecuencia que los hombres. El suicidio posterior al infanticidio fue más común entre mujeres.

La mayor parte de los homicidas incurrieron en violencia mortal bajo el influjo de alcohol o drogas cuando las víctimas fueron adultos, pero no cuando fueron niños.

En suma: homicidas hombres y mujeres son más similares cuando la víctima es un niño que cuando es otro adulto, y la proporción baja de mujeres, un décimo cuando la víctima es adulto, se eleva notablemente a más de un tercio de las muertes violentas si la víctima es un niño.

La simple revisión de las noticias mundiales nos muestra que los crímenes de odio, como el del bar Pulse en Orlando, donde el motivo es la sexualidad, o los de París contra la revista Charlie Hebdo y los posteriores contra salas de música juvenil y simples cafeterías, los cometen hombres.

No es coincidencia que los ejércitos, marina de guerra y aviación estén conformados por una inmensa mayoría de, o sólo por, hombres. No es educación si lo vemos en Babilonia, China, Egipto, Perú y Australia de hace dos mil años y se repite ahora. Es que los machos no son necesarios en el mismo número que las hembras para la conservación y aumento de la especie: si en el corral se me muere un gallo, pero tengo otros, no bajará la producción de pollos. El macho es sustituible, la hembra, no. En la reproducción, la inversión femenina en cuanto a economía corporal y riesgos resulta incomparable con la rápida acción masculina.

De ahí que la naturaleza dé ventaja a las hembras, humanas incluidas: mayores depósitos de energía, menor exposición al peligro. Y lance a la competencia, el riesgo y la muerte a los machos, sean lobos o humanos.

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Novedad: Mi último tequila, autobiografía procaz. Cal y Arena.

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