Se descubrió que...

Movemos prótesis pensando

El debate fue primero religioso, luego filosófico y ahora es científico: había dos entidades en el ser humano: cuerpo y alma, el cuerpo era fuente de pecado, predicó el cristianismo y, antes que el Estado Islámico pusiera la moda, destruyó esculturas y templos maravillosos, condenó la ciencia y los libros no religiosos como trincheras del paganismo; con Descartes hubo res extensa y res cogitans, versión laica del viejo dualismo disfrazado en latín; Spinoza, su contemporáneo, acertó en vernos como hoy plantean las neurociencias: una sola sustancia.

La neurociencia actual ha recuperado el olvidado monismo de Spinoza, filósofo de familia judeo-portuguesa asentada en la tolerante Holanda. Al respecto hay dos libros maravillosos, legibles sin ser especialistas: Descartes’ error y Looking for Spinoza, ambos de Antonio Damasio, portugués afincado en Estados Unidos.

Son ya numerosos los experimentos en los que primates no humanos y humanos mueven el cursor de una computadora y realizan otras actividades que parecen telekinesis. Pero ya tenemos una aplicación clínica para que un tetrapléjico mueva un brazo robótico.

“Decoding Motor Imagery from the Posterior Parietal Cortex of a Tetraplegic Human” es la publicación de la University of Southern California (USC). “Paralizado del cuello para abajo luego de sufrir una herida por disparo de arma de fuego cuando tenía 21 años, Erik G. Sorto ahora puede mover un brazo robótico con solo pensarlo y usar su imaginación”.

Colaboran Caltech, Kek Medicine de la USC y el Rancho Los Amigos National Rehabilitation Center en implantar a Sorto, ahora de 34 años, una neuroprótesis “en una región cerebral donde se hacen las intenciones”. Sorto puede ahora, pensándolo, dar la mano en saludo, beber levantando la bebida y hasta jugar a “piedra, papel, tijeras” con su brazo robótico.

Otras neuroprótesis se han implantado en los centros de la corteza cerebral que controlan los movimientos. Eso produce movimientos retrasados y a saltos, no el suave y continuo movimiento con que alcanzamos un vaso de agua. El equipo resolvió ese problema haciendo el implante ya no en los centros de movimiento, sino los de voluntad, de donde surge la intención. Así consiguió movimientos más fluidos y naturales.

El ensayo clínico fue encabezado por Richard Andersen, del Caltech; el neurocirujano Charles Liu de la USC, y el neurólogo Mindy Aisen del Rancho Los Amigos (no encuentro un solo she o her que aclare sexo en un idioma sin géneros).

Dice Andersen: “Cuando mueves un brazo, realmente no piensas qué músculos activar”. Se forma la intención de movimiento en el córtex parietal posterior, “las intenciones se transmiten al córtex motor, brazos y piernas donde se ejecuta el movimiento. El CPP está antes en este camino. No piensas cada movimiento, sino el resultado: ‘quiero levantar esa taza de agua’. Tuvimos éxito en decodificar estos intentos pidiendo al sujeto que imaginara el movimiento completo sin romperlo en una miríada de componentes”.

A Sorto se le hizo un implante quirúrgico en el cerebro: un par de conjuntos de electrodos de 4x4 mm y 96 electrodos activos en cada uno. Se conectaban por cable a un sistema de computadoras que procesaban las señales para decodificar los intentos cerebrales por controlar aparatos externos, como un cursor de computadora o un brazo robótico.

Los electrodos “son muy pequeños y su colocación debe ser excepcionalmente precisa, eso llevó una tremenda cantidad de planeación trabajando con el equipo del Caltech para asegurarnos de ir bien”, dice Liu. “Como era la primera vez que alguien hacía un implante en esa parte del cerebro humano, todo en la cirugía fue distinto”.

A los dieciséis días del implante, Sorto comenzó su rehabilitación en el Rancho Los Amigos. “Fue una gran sorpresa que el paciente pudiera controlar su brazo el primer día”, dice Anderson. “Ahora, Sorto puede ejecutar tareas avanzadas con su mente”. La investigación nos habla también “de la habilidad del cerebro para aprender a funcionar de formas novedosas”, añade Aisen.

Cuentos: El vino de los bravos (y unos tequilas), Planeta.

 

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