Se descubrió que...

Exorcismos y diablos matan

En Nueva York, una nieta del actor Morgan Freeman, E’Dena Hines, de 33 años, murió asesinada por su novio, Lamar Davenport. Una niña de 11 años en Ciudad Madero, Tamaulipas, asesinó a dos de sus hermanos, un bebé de meses y un pequeño de 3 años, intentó asesinar a otra hermana de 9 años, pero escapó. Voces diabólicas le ordenaron suicidarse con pastillas y está hospitalizada.

Estas muertes tienen en común que las produjo el diablo. La niña de Tamaulipas oyó voces desde la oscuridad que le ordenaban asfixiar a sus hermanos. El novio de E’Dena atacó a puñaladas los demonios. Pues así es esto de las familias que nos dan ejemplos de salud mental y resisten el complot gay que avanza incontenible.

Pero, ¿quién informó a la niña que existe un ser inicuo que da órdenes desde la oscuridad? Primero sus padres, heterosexuales, creyentes, cristianos, bautizados, devotos y preocupados por inculcar en su hija la creencia en un espíritu malvado que habla a las niñas descuidadas. La religión, sea católica, protestante o musulmana exige creer en un dios bondadoso y un diablo perverso que luchan por la posesión del alma: es doctrina, es dogma de fe, se va al infierno quien no cree en el infierno y sus diablos. “El diablo existe”, sostuvo el papa Paulo VI, “y va por el mundo haciendo el mal”. Y punto. Ya se ve que sí.

¿Paulo VI? ¿El que como cardenal Montini de Milán tenía asiduos pecadores jóvenes que le hacían visita conyugal? Ese mero. Del que hizo tan feas e irresponsables burlas el semanario satírico Le canard enchaîné, a quien Mahoma se la tiene sentenciada.

Un vecino reveló a la policía que el novio gritaba: “¡Salid de su cuerpo, diablos! ¡Yo os expulso, demonios en nombre de Dios y de Jesucristo...!” Y procedió a exorcizar los diablos de la joven mujer dándole 16 puñaladas a Satanás a las 3 de la mañana del martes pasado. Supongo que el original inglés usa los pronombres thy y thee. Por eso la traducción es correcta.

A los niños se nos enseña, antes de tener uso de razón, que por el mundo vagan diablos haciendo el mal. Es parte de nuestra formación religiosa normal, común, propia de todas las iglesias. Como Santaclós, los Reyes Magos, las brujas y los espantos que mueven mesas en casas sombrías.

Llegará el día en que se considere la enseñanza religiosa con sus diablos y su infierno eterno entre los delitos de abuso infantil, y el derecho de los padres a dar esa educación parezca, en siglos venideros, tan válido como el de torturar a sus hijos, vendarles los pies a las niñas para que no les crezcan, cortarles el clítoris para que no sientan placer sexual nunca. En ese listado estará la instrucción religiosa que aterra con Satanás, Belcebú, el infierno eterno y los diablos en acecho que se posesionan de niñas y les permiten girar la cabeza 360 grados.

En Occidente no se permite el matrimonio de niñas ni la ablación del clítoris, pero se considera parte de la instrucción moral aterrorizarlas con diablos, llamas eternas y con la maldad natural de los hombres que “nomás eso quieren”.

Y no se diga que son excesos de pocos fanáticos: está en los evangelios que Cristo sacó demonios de un poseso y los arrojó a una piara de cerdos que enloquecieron. ¿No encontró mejor sitio para echar los demonios? Pobres cerdos. Pero, pensándolo bien, ¿por qué había cerdos disponibles para posesión satánica si no pueden pisar Eretz Israel?

Maíz transgénico. Todo el maíz que consume México y el mundo es transgénico, es OGM. Todo, sin excepción, aun las variedades prehispánicas si alguna sobreviviera. Si no estuviera modificado en sus genes se llamaría teocinto, planta silvestre que le dio origen por modificaciones genéticas hacia el 5 mil a.C. Milenios después que el trigo y el arroz.

El trigo, el centeno y la cebada en Oriente Medio, el arroz en China, el sorgo en África, las grandes manzanas, los pesados racimos de uvas, la vaca lechera, la oveja, la gallina ponedora, el pavo de doble pechuga, la naranja y el limón... todo cuanto llevamos a la alacena y al refri son OGM, organismos genéticamente modificados.

 Cuentos: El vino de los bravos (y unos tequilas), Planeta.

 

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