Se descubrió que...

Negación: defensa de la izquierda

Los mecanismos de defensa fueron descubiertos por Freud y detallados por su hija, Ana Freud. Los usamos para defender nuestra vida consciente de todo aquello que nos parece indigno, despreciable, inadmisible para nuestra autoestima. Uno es la negación: es imposible que a mí me atraigan los hombres. Con frecuencia se añade proyección: ellos no me gustan, pero yo sí les gusto a ellos. Y tenemos una psicosis, paranoia. Un caso cercano veía negros que lo seguían por Nueva York. Si le hacían ver que no era el mismo respondía que se sustituyen para disimular. Para qué o por qué son preguntas irrelevantes que no se admiten porque desarman la defensa y exponen el yo a la verdad.

En la izquierda empleamos en abundancia la negación al conocer descripciones de los horrores inverosímiles del estalinismo en la Unión Soviética: la patria del socialismo, el futuro comunista y luminoso de la humanidad no puede cimentarse en millones de cadáveres. Orwell en La rebelión en la granja hace una comedia, no describe el régimen soviético. La CNTE es el ala democrática de los maestros; el Peje, Trump y Maduro son objeto de campañas mezquinas.

Nadie puede creer lo transcrito a continuación:

Los ríos Dvina, Obi y Yeniséi saben cuándo llegaron los primeros presos en gabarras: durante la liquidación de los kulaks (propietarios de tierras). Por ríos que fluyen directamente al norte, en barcazas panzudas de gran capacidad: era el modo de verter en las tierras muertas del norte toda aquella masa gris de la Rusia viva. Echaban a los hombres al casco de la barcaza como si fuera lastre, y allí se amontonaban unos sobre otros y se movían como cangrejos en una cesta [...] No era un transporte, sino una muerte a plazo fijo. Apenas les daban de comer, y una vez arrojados a la tundra ya no les daban alimento alguno. Los dejaban para que murieran a solas.

A partir de 1940 los traslados en barcaza cobraron muchísimo auge: por allí pasó la población liberada de Ucrania y Bielorrusia. En la sentina, los presos iban de pie unos contra otros. Orinaban en recipientes que se pasaban de mano en mano hasta vaciarlos en los tragaluces; si se trataba de algo más serio, se lo hacían en los pantalones. Para eso en ocasiones disponían de un barril que, al desbordarse, se derramaba por el suelo y goteaba en los pisos inferiores. Y los presos siguen tendidos en ese mismo suelo. La comida es pescado salado distribuido en perpetua oscuridad.

De Vladivostok a Kolymá el transporte por mar se hacía en viejos cascarones. Entonces "había que añadir tempestades, mareos, hombres debilitados que vomitaban. Carecían de fuerzas para levantarse y yacían entre los vómitos, todo el suelo estaba cubierto de una capa nauseabunda": vómito, orina y excremento.

En 1939 los presos comunes, criminales, consiguieron salir de la sentina, llegar al almacén y saquearlo, luego le prendieron fuego. "Ocurría eso cerca de las costas japonesas. Al ver que salía humo del Dzhuma los japoneses ofrecieron ayuda, pero el capitán la rehusó (el secreto vestido de orgullo nacional) ¡y ni siquiera abrió las escotillas! Cuando los japoneses se perdieron de vista, arrojaron por la borda los cadáveres de los asfixiados".

Ya en tierra debían caminar los presos sobre la nieve blanda hasta el campo de trabajo: 20 kilómetros, a veces 50 y hasta 500 que en Siberia no son nada. "En 1940, al grupo en que iba A. Y. Oleniov lo hicieron desembarcar y caminar a pie por la taiga sin comida alguna. Los presos bebían agua empantanada y pronto tuvieron disentería. Los perros (de los guardias rojos) desgarraban la ropa de los que desfallecían. En Izhma pescaron peces con los pantalones y se los comieron vivos". Si un preso caía, dejaban junto a él un soldado. Al rato el soldado se reincorporaba a la columna... solo. Luego los pusieron a tender un ferrocarril. Empezaron a correr trenes de un rojo alegre. "Transportaban en segunda condena a los mismos presos, por las líneas tendidas con sus manos".

A. Solzhenitzyn: Archipiélago Gulag, tomo I, pp. 671 y ss.

Medalla BELISARIO DOMÍNGUEZ 2016 para Gonzalo Rivas Cámara, que salvó cientos de vidas a costa de la suya: #BelisarioParaGonzaloRivas

Novedad: Mi último tequila, autobiografía procaz. Cal y Arena.

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