Se descubrió que...

Arquimides (sic) en el país gruñón

Una ola de indignación llenó Facebook: en la recién remodelada avenida Masaryk del DF aparecieron relucientes placas con dos nombres de calles mal escritas. Uno es Isben (quizá Ibsen, dramaturgo noruego) y otro Arquímides. “¡Imbéciles!”, “ignorantes”, sentenciaron quienes, en sus críticas, no pusieron acentos ni en sus apellidos, confundieron porque con por qué, no supieron que el verbo saber lleva acento diacrítico (para distinguir) en yo sé.

No tendría importancia si no fuera síntoma de un mal nacional: fulminación de toda autoridad, como la que no ve el irrefutable vínculo entre un periodista asesinado y el gobernador de Veracruz... donde un comando acribilló en una cantina a un cabecilla narco y con él a otro periodista; dos más, a la mesa con el zeta, escaparon... Es que no iban por el narco: fue una cortina de humo para matar periodistas. Y ya piden que las autoridades pongan guardias de corps, pagados por la ciudadanía indefensa, a cada periodista que chupa con narcos.

Pero veamos el caso de Arquímides. La transliteración (víctimas de la CNTE: transcribir de un alfabeto a otro) del nombre de ese gran inventor y científico de la antigüedad griega, en letras latinas como se pronuncian en español, es Arjimidis, con J de jícara y tres veces el sonido i. Además, grave y no esdrújula (gugleen, oh mártires de la CNTE).

Isben es una aberración. Como lo es que por todo el centro del DF las placas de calles anuncien que uno está en la colonia centro. Se podría creer que en algún rincón del DF hubiera una colonia que, en efecto, se llamara Colonia Centro. Pero no que autoridades anteriores a Mancera llamen “colonia” al centro de la ciudad.

El descubridor del principio por el que flotan sobre el agua los barcos de metal, inventor de armas para la guerra, matemático e ilustre gritón encuerado por las calles de Siracusa, se llama Αρχιµήδης. Pero la letra que los griegos llaman ita pasó a los idiomas modernos como e: telescopio y todas las variantes con tele: teléfono, telégrafo, televisión y derivadas, vienen de una raíz que se lee tile y se escribe con ita, que en secundaria nos enseñan como eta.

Dice la leyenda que, cuando Arjimidis se metió a darse su baño anual en una tina rebosante, al ras, notó que derramaba agua según se hundía. Esto lo llevó a concluir que sabía cómo descubrir si el orfebre del rey había robado un poco del oro entregado para la nueva corona y lo había sustituido con algo de cobre. De niños aprendemos una tontería: que salió gritando Eureka! Pero las dos primeras vocales, juntas, suenan ev, aunque son EY, así que, en todo caso, Arjimidis•salió gritando: To évrika! O bien To vrika!: ¡Lo he encontrado!

El lío nos viene porque en 2 mil 500 años el griego cambió y sus letras ya no son alfa, beta, gama, sino alfa, vita, gama. Y la letra que en geometría poníamos a los ángulos no es teta sino thita. El griego quedó con cinco formas de escribir el sonido i: iota, ita, ípsilon, épsilon+iota, ómikron+iota.

Por análisis de versos, los especialistas suponen que la ita tuvo un sonido similar a la i del inglés en brick o del turco sin puntito. Que la ípsilon, dice Erasmo, sonó como la u francesa o ü alemana. Todavía, si uno escucha una misa cantada por un coro alemán, Kyrie Eleyson se oye Kürie, con u francesa. Los hispanohablantes tenemos la letra J para el sonido de la ji griega, así que deberíamos decir jiliómetro, Jristo, jristiano. No la tienen el inglés ni el francés. La función chi cuadrada es ji cuadrada.

Por eso en la transliteración de calles, para que puedan leer el nombre los turistas, hay siempre dudas, a veces ponen Acharnea, Chalkidikí, Psichikó, que los alemanes leen correctamente como Ajarnea, Jalkidikí, Psijikó; pero la mayoría anglófona lee: Acarnea, Calkidikí, Psikikó. Las placas otras veces ponen Akharnea, Khalkidikí, Psikhikó, para indicar la aspiración fuerte de la K, como en nuestra J de jamón o del alemán en Achtung. Y nos hacen bolas a todos.

Asombra la furia contra algo al menos discutible.

Y así está el país entero.

Novela: Olga: Una bellísima jovencita hace todo por destruir su vida, y casi lo consigue.

 

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