Se descubrió que...

Arde París bajo "Estado Islámico"

Con o sin religión, habría gente buena haciendo cosas buenas y gente mala haciendo cosas malas. Para que la gente buena haga cosas malas es necesaria la religión", Steven Weinberg.

Weinberg es el investigador viviente más reconocido en física cuántica, entre su multitud de premios está el Nobel de Física 1979 por su unificación de dos de las cuatro fuerzas conocidas en el universo: la fuerza débil y el electromagnetismo, campo unificado por Maxwell en la segunda mitad del siglo XIX.

Pero no todas las religiones son iguales, hay malas y peores. Weinberg es un judío ateo, parte del asombroso 26% de premios Nobel de Física obtenido por judíos con sólo 0.2% de la población mundial.

La religión menos interesada en hacer adeptos y salvar almas en el Congo es el budismo. No tiene un dios personal, ni estructura ni mandos. El Dalai Lama, cabeza del budismo tibetano, no exige a nadie creer que es la reencarnación de Buda, no tiene las llaves del Paraíso en su escudo personal, no reparte pases de acceso al Cielo como el Sagrado Corazón de Jesús que entrega pase automático a la Gloria por canibalizar el cuerpo de Cristo nueve viernes primeros consecutivos.

Sigue el judaísmo al budismo en su desinterés por salvar almas y convertir herejes. Los rabinos jamás viajan al Amazonas a predicar la fe de Moisés ni a leer a los yanomamo (así se llaman) "El señor es mi pastor..." Los tiene sin cuidado que adoren pirañas o árboles.

El cristianismo es una variante del judaísmo que, durante los primeros decenios de prédica, fue exclusiva para judíos. El apóstol san Pedro y el novato san Pablo encabezaron las posiciones globalifóbica y globalifílica. Reunidos en Jerusalén para destrabar la oposición al libre mercado religioso o seguir con fronteras cerradas, Pablo se impuso. Para diferenciarse del judaísmo, cambiaron el día de descanso del Creador, el shabat o sábado, al siguiente, y lo llamaron Dominus dei: día del señor, domingo, sin fundamento alguno en los Evangelios para esa barbaridad ya que el Creador, sabemos, descansó el día en que descansó, y no otro.

Pero en el siglo VII hubo un arriero de camellos árabe que unificó las tribus errantes y les dio a beber un gazpacho de Moisés, Cristo y las últimas noticias del Paraíso dictadas por el arcángel Gabriel. El hombre se llamaba Mohamed, pero los españoles nunca oyen bien nada y si de Constantinópolis hicieron Constantinopla y del crocodilus cocodrilo, así acabaron diciendo Mahoma.

Cuando el emperador romano Constantino, fundador de Constantinópolis, hizo del cristianismo la religión del Imperio le puso alas a los alacranes. Con la caída de Roma, a fines del siglo V, el obispo de Roma se agandayó el poder en Europa, con el rechazo de la Iglesia griega.

El cristianismo avanzó sobre Europa bautizando a los viejos dioses paganos: donde hubo una diosa de la fertilidad puso una Virgen María con el Niño; la fiesta de San Juan ocultó el solsticio de verano, las saturnales pasaron a festejar el nacimiento de Cristo, no avisado en ninguno de los Evangelios. Y así.

En la Edad Media hubo escamochinas de herejes: cátaros y otros criticones del poder temporal de los papas, reyes de los Estados Pontificios, fueron achicharrados y ya. En pleno Renacimiento le tocó fogata a Giordano Bruno, pero Galileo la libró.

Luego, el monje Lutero tradujo la Biblia al alemán vulgaris contra el mandato de Roma. Excomulgado por ése y otros pelillos a la mar, puso a los alemanes a aprender a leer para salvar sus almas... y pronto el norte de Europa, leyendo, recuperó la tradición de Jonia, la ciencia. Europa vivió la Ilustración, el Siglo de las Luces. La guillotina hizo su labor y Descartes, Voltaire, Rousseau ejecutaron una sentencia olvidada de Cristo: Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

El proceso no ha ocurrido, todavía, en tierras musulmanas, y posesos de ojos enloquecidos se infiltran como cáncer, rabiando por mujeres de cara sin velo y hombres disolutos. El islam declara su propósito de no detenerse hasta postrar al mundo ante la Verdad. En siete puntos de París asesinaron más de 150 infieles este negro viernes 13.

Ensayo: No hubo barco para mí, Cal y Arena (Ensayo Personal).

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