La calle

¿Por qué todo se nos pudre?

Es muy triste, pero a donde miremos aparecen ruinas que nos acusan a los militantes de las diversas izquierdas: predicamos el evangelio del pueblo y sus derechos, y nuestros alumnos justifican el secuestro de autobuses (y quemar alguno si hace falta atajar la “represión”), golpear al chofer que se oponga a los autonombrados voceros del pueblo justiciero, desvalijar camiones repartidores de alimentos y cerveza, bloquear autopistas con nobles fines, cerrar calles y aeropuertos.

¿Qué fue de nuestros sindicatos universitarios? ¿De nuestros partidos políticos? ¿De las primeras publicaciones libres de censura y autocensura? Hoy son Proceso y La Jornada: creadores de realidades alternas al gusto de sus direcciones editoriales. Están más lejos de los hechos cotidianos que la antigua prensa controlada desde la Presidencia, Gobernación y la empresa estatal que vendía o negaba el papel necesario. Son de otro país en otra galaxia.

El Partido Comunista, vuelto a la legalidad con la reforma impulsada por Jesús Reyes Heroles, se hizo fuerte no entre los proletarios, sino en las universidades públicas. Los desastres mayores ocurrieron en Sinaloa, Guerrero y Puebla.

Los partidos consiguieron la soñada unificación de la izquierda... en el PRD: ese pantano. La democracia sindical llenó la UNAM de fritangas concesionadas a esposas o amantes de los líderes. No fuimos ajenos a la creación de un “ala democrática” en el SNTE, el sindicato de maestros: recuerdo los viajes de compañeros vinculados a la revista Punto Crítico a Guerrero y Oaxaca para fortalecer la oposición democrática en el más grande sindicato de América Latina. Hoy son los rufianes de la CNTE que llevan 30 años, cinco sexenios, haciendo las campañas del PRI y cobrando esos servicios con el control del presupuesto destinado a la educación.

La joya de la democracia mexicana, el IFE, acabó en un torpe monstruo dedicado a cronometrar la duración de cada spot de cada candidato de cada elección hoy llamado INE. La representación de la pluralidad acabó en partidos-negocio inflados con miles de millones de pesos. Morena es de López Obrador, el Partido Verde es de la familia González, otro es o era de Elba Esther, el PT lo crearon Raúl y Carlos Salinas.

(Continúa el lunes).

www.luisgonzalezdealba.com

@luisgonzlezdea