La calle

Tres estampas de "El Pino"

Uno de nosotros cruzaba la CU con su hijo de entonces 4 años cuando se topó con "El Pino". Se saludaron, luego el amigo común dijo a su hijo: Saluda al Pino, él va ser tu dirigente estudiantil cuando entres a la UNAM... Y lo fue

La nota decía que el gobernador interino de Guerrero se lleva a su Secretaría de Educación a Salvador Martínez della Rocca El Pino, y destacaba: dirigente del 68. Buen escudo. Pero maticemos: la Facultad de Ciencias de la UNAM tuvo en 68 dos dirigentes: Gilberto Guevara y Marcelino Perelló que la representaban ante el órgano conductor, el Consejo Nacional de Huelga (CNH). El Pino era un simpático sinaloense que conducía las brigadas de volanteo y boteo. En eso andaba cuando lo detuvo la policía a mediados de agosto. Se perdió la enorme manifestación del 27, la silenciosa de septiembre y tuvo la suerte de no estar en Tlatelolco sino en el bote.

El gobernador interino comenzó por hacer el más desmesurado elogio del tan inútil como difícil de remover del hueso, Ángel Aguirre. Fue rastrero, ignominioso y vil. Y se lleva al Pino como bandera. Pero El Pino tiene lo suyo: es admirador de la veleta del hueso, Porfirio Muñoz Ledo, invitado a todas sus fiestas y “orador” en todas. Y Muñoz Ledo fue quien hizo la más fervorosa adulación del presidente Díaz Ordaz cuando éste se asumió responsable, en su informe presidencial de 1969, de lo ocurrido en Tlatelolco casi un año antes. Busque el 9/9/ de 69 ese encomio del miembro del PRI, FD, PRD, PARM, PAN y PT. ¿Qué putas madres haces allí, Pino?

Hace lo que sabe hacer: ganar dinero fácil: ha sido diputado, delegado en Tlalpan y miembro de diversas comisiones. En ninguna parte se le recuerda bien.

Pero nada mejor para pintarlo que un trío de anécdotas. El Pino platicaba todos los días a todas horas sus hazañas escolares de rudo: “Y le puse un patadón y luego pau, pau, pau...” Alguna vez lo mencioné a un amigo común, más suyo que mío, y me respondió: “Luis... En estos años (ya unos dos) ¿cuántas veces te has peleado ?” Hice memoria: “Pues unas dos”. “¿Y cuántas veces has visto pelear al Pino?” Pensé un rato: “Nunca”. Concluyó: “Es un farsante”. La dirección de Lecumberri había vaciado una crujía (grupo de celdas con patio) nada más para detenidos del 68, así que la vida era llevadera. Salvo por El Pino y El Búho.

Estudiaba la carrera de Física y, la anécdota viene en mi crónica Los días y los años, dijo que en jai alai la pelota superaba la velocidad del sonido. Otro físico, Raúl Álvarez Garín, le recordó el estampido sónico que debería producirse. Luego nos reencontramos en la Comisión para los Delitos del Pasado, en una cena en casa del fiscal especial, como parte del comité ciudadano. Lo primero que hizo fue pedir dinero, no para él, sino para “los muchachos” que enviaría a revisar el Archivo General de la Nación. Le señalé al fiscal: Este comité no debe manejar un solo centavo porque no tenemos los medios contables para justificar partidas asignadas. Ya no supe.

Esa vez oí de un físico pronunciar a la texana el nombre de un austriaco fundador de la cuántica: Erwin Schrödinger. Me corrigió: Skrodinguer. De ser así, Schubert y Schumann serían Skubert y Skuman.

Pero el apogeo de su gloria lo admiré en la FIL. Me invitó Gilberto Guevara a presentar un libro suyo. Aclaré al llegar que iba solo por tratarse de Gil, pero que padezco vértigo postural (con toda mi familia González) y evito la FIL porque me marea. Estaba presente el dueño de la FIL, Raúl Padilla. Raúl me cae bien, nos tuteamos, pero El Pino lo abrazaba. Me sorrajó un facilón: “Luis, tú siempre has vivido mareado”. Luego de la presentación, donde Raúl presentó a los presentadores, cruzamos la FIL y El Pino me demostró que él nunca ha vivido mareado abrazando a Mr. FIL de hombro a hombro. Mr. FIL correspondió y allí van, con los brazos cruzados sobre los respectivos hombros, como los cuates en primaria... a través de, sí, la FIL. Yo llevaba una sonrisa de oreja a oreja que nadie entendía...

Hace unos años circulaba entre los cuates una anécdota, uno de nosotros cruzaba la CU con su hijo de entonces 4 años cuando se topó con El Pino. Se saludaron, luego el amigo común dijo a su hijo: Saluda al Pino, hijo, mira: él va ser tu dirigente estudiantil cuando entres a la UNAM... Y lo fue.

Cuentos: El vino de los bravos (y unos tequilas), Planeta.

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