La calle

Impuestos

El IVA es un nivelador social: un aporte para levantar infraestructura que da empleos. Puede ser del 18, 20 por ciento, sin que duela pagarlo si viniera acompañado de una reducción de salarios a los niveles más altos de gobierno, legisladores, partidos.

Como su nombre lo indica, los impuestos son una imposición, no una opción, y eso no le gusta a nadie en ninguna parte del mundo. Pero, cuando un ciudadano sabe que un tercio de sus ingresos irá a la construcción de escuelas (con baños, electricidad y, sobre todo, maestros que den clases), al tren eléctrico del Istmo o DF-Laredo, siente que es parte de la construcción de su país.

En cambio, cuando sabemos que los partidos políticos, a los cuales detestamos por rateros, se repartirán, en año sin elecciones, unos 4 mil millones de pesos; que los congresistas acumularán honorarios, choferes, comidas, pago de guaruras, autos, extras por la comisión C, por la M y por presidir la Q, hasta costarnos un millón mensual cada inútil, la rebeldía comienza en el hígado.

Estos 30 mil pesos, que rasco ahorrando en el súper y apagando luces para tributar a Hacienda, se los gastarán la cenadora Padierna de Bejarano en un colguijito de Tiffany’s o una cena en El Cardenal; El Niño Verde en una sola botella para sus parrandas, el PT de Salinas y el MC amorfo. Eso arde.

El impuesto más democrático es el IVA: paga más quien más consume, quien más gasta y no quien ahorra y su capital puede reinvertirlo en sembrar tomates y lechugas con tecnología de punta, exportar y alimentar. Sin maíz sí hay país, sin duda. Y mejor. El maíz y la Virgen de Guadalupe son las dos desgracias mayores de México. Uno porque ha llevado, con la colonial idea del ejido, a la siembra para autoconsumo de una sola proteína vegetal. La otra porque es la esperanza en que el Cielo resuelva lo que el mexicano podría con fe en sí mismo. Vientos de golpe de Estado solo recuerdo los levantados por el presidente Echeverría y sus repartos de tierras trabajosamente ganadas al desierto en Sonora.

No conozco estado de la República con gente más mala, insidiosa y desleal que Morelos, donde todos son Zapata con su ideario calcado de la Nueva España.

El IVA no es un impuesto contra el éxito ni contra la creatividad, sino un nivelador social: un aporte para levantar infraestructura que da empleos que elevan el nivel de vida sin la humillación de la limosna. Y el IVA general puede ser del 18, del 20 por ciento, sin que duela pagarlo si viniera acompañado de una reducción de salarios
a los niveles más altos de gobierno y a los legisladores, un recorte del 70 por ciento a los partidos, una proporción para el municipio y el estado donde se originó, y un aumento del 100 por ciento a los policías, investigadores, laboratoristas forenses, gendarmería nacional.

La resistencia a pagar impuestos es proporcional a la imagen de despilfarro y robo legal, como los salarios que se asignan congresistas, muchos ni siquiera elegidos por nuestro voto, sino bajo el mandato de los líderes en cada partido, que a ellos responden y a nadie más.

Por qué gandaya es con Y

El DRAE define: gandaya (1), de vida libre y vagabunda/… ir por la gandaya: buscarse la vida. p. 1115, 22a edición. Es la primera acepción.

El empleo de gandaya como peor que vago: abusivo, taimado, tramposo, es un mexicanismo, y muy cercano al gandaya que el DRAE escribe con Y. Pero, además, en México no pronunciamos la doble L, ll. De seguro no hay más de diez mil mexicanos, en 112 millones, que saben que existe diferencia entre Ll y Y. Quizá no somos más de 100 los que la podemos pronunciar. Porque el DRAE la pone con Y, y la decimos con Y, se escribe con Y. La RAE llama “yeísmo” al vicio de pronunciar la doble L como Y, decir “en esta caye” en vez de “en esta calle”. Pero España, desde poco al norte de Madrid hasta Andalucía, es yeísta. Y toda Hispanoamérica también. El sonido original de esa doble L se escribe en portugués con lh: os olhos (los ojos), y en italiano con gli: figlio.

Método: comience por decir calle como calie, con i, y luego no diga la i, al llegar a la L deje esa posición que prepara la i, pero no la diga. El aire sale por los lados de la lengua: calle.

Por último, diría el filósofo de la canción: Pero qué necesidad… de poner una letra doble si pronunciamos una sencilla.

Novedad: No hubo barco para mí, Cal y Arena (Ensayo Personal).

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