La calle

Grito de terror: ¡Aaayyy Lorenzooo!

La mera verdad, el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, en ningún momento hace escarnio del español hablado por “jefe del gran pueblo chichimeca”, según se presenta. Se ríe de la burda imitación que este personaje hace del español de indios según la India María (que Dios tenga en su gloria) y a nadie ofendió nunca, o, como lo dice el propio Lorenzo, como el indio auxiliar del Llanero Solitario.

El digno jefe incurrió en un delito, grave: chantaje (o blackmail siguiendo su actuado papel de Toro: Tú subirme sueldo o yo quedarme con caballo Silver), al exigir: yo pedirte diputados para nosotros o tú no hacer tus elecciones (cito de memoria). Otro aliado a los maleantes, secuestradores y torturadores de niños que son los maistros de la CNTE, quienes vociferan con impunidad el delito de impedir por la fuerza la expresión de la voluntad ciudadana en comicios vigilados por vecinos, así su voluntad sea anular la boleta, pues esa opción deja constancia de su rechazo a todos los partidos: negocios con insaciable sed de dinero público.

Córdova no pudo ofender a los “pueblos originarios” porque no los hay en toda la América. Todos somos inmigrantes, unos más recientes que otros, porque el género Homo no existió aquí: ni erectus ni habilis ni sapiens ni neandertalensis. Todos son africanos del noreste de África. Desde allí nos fuimos dispersando por el globo terráqueo como cazadores-recolectores.

Nadie se ofende por los abundantes chistes que pintan a los gallegos como tarados y a los argentinos como petulantes. La corrección política está haciendo que se reescriba El Quijote para no mencionar moros (y peor nuestra horrible ciudad Mata-moros), Tom Sawyer y El mercader de Venecia, etcétera.

Chuza de bolos: Un hombre espera transporte frente a una sinagoga cuando termina el oficio y ve salir a un negro muy maricón. Se acerca:

—Perdón, pero no resisto mostrarte mi sorpresa: tú sí que juntaste todo: judío, negro, maricón y torcido.

Con voz afligida y cubriéndose el rostro, responde con sonsonete:

—Y eso no es todo... che...

(Se debe contar hasta allí, no como Zabludovsky hijo que lo arruina).

 

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@luisgonzlezdea