La calle

Desconfianza ciudadana

¿En qué instituciones confían menos los mexicanos? En la competencia por la mayor ignominia están diputados, partidos políticos y los sindicatos. Uno de cada cuatro mexicanos preferiría un gobierno autoritario que esta democracia.

¿En qué instituciones confían menos los mexicanos? En el Congreso. Y de éste son peor valorados los diputados. En la competencia por la mayor ignominia siguen los partidos políticos... ¡y los sindicatos! Lo señala el Informe sobre la Calidad de la Ciudadanía en México presentado por Lorenzo Córdova Vianello, consejero presidente del INE. Más grave: casi uno de cada cuatro mexicanos preferiría un gobierno autoritario que esta zarandeada democracia.

Esos ciudadanos, dice el INE, no se plantean como opción mejorar el debilitado sistema democrático, sino abandonar el intento y volver al régimen autoritario que produjo el crecimiento del país. Olvidan que eso ocurrió a costa de silencio en los medios, represión a las protestas y sangre en las calles. Olvidan que no se le podía gritar a un candidato del PRI, menos a un Presidente de la República, a quien gobernara el DF y ni siquiera a un diputado.

Es el momento de observar los motivos de esos números: este ambiente ha fastidiado a una mayoría importante: bloqueos impunes, destrucción e incendio de negocios durante manifestaciones, legislación al vapor por la Asamblea de Representantes del DF para permitir la inmediata salida de quienes están acusados de vandalismo indudable: destrucción de mobiliario urbano, robo de vitrinas, incendio de cafeterías al paso de estos “indignados”.

Y no es un problema que haya comenzado con los gobiernos del PAN, sino durante la presidencia de Ernesto Zedillo: los inconformes con evaluaciones a maestros bloquearon el cruce de Insurgentes con Río Mixcoac. Usaron unas cuantas piedras, palos y unos alambres. Por la noche recogieron sus sarapes y se fueron a dormir a sus casas. Se hubiera pensado que la policía iba a plantarse en las muchas esquinas para impedir un nuevo bloqueo. No fue así. Y a las buenas 10 de la mañana, porque tampoco es cosa de desmañanarse por la lucha, volvieron a colocar las piedras y palos, los mismos, pues la policía no los había siquiera recogido.

Vigilando el bloqueo hubo muchas patrullas: cuidaban que los automovilistas desviaran su trayectoria una cuadra antes, no fuera a ser que alguno enfureciera y las pocas piedras y los brazos de unas señoras le parecieran poco obstáculo. La policía cuidó que el bloqueo no pasara a mayores.

En adelante así ha sido por ya interminables 20 años. En estas páginas Rafael Pérez Gay (bienvenido, Rafa) acaba de hacer la crónica del penúltimo bloqueo en la colonia Condesa del DF: autobuses procedentes de varios estados del sur cerraron avenidas, los disgustados por X pusieron buenos toldos y casas de campaña debajo, pues tampoco es cosa de sufrir por los aguaceros. Y no hubo autoridad alguna presente sino para desviar el tránsito, quizá algún poli ayudó a tensar los lazos atados a los árboles y postes para sostener las lonas. Las señoras colocaron sus cocinas de gas, nada de anafres, y los hombres se tumbaron.

Sé por amigos que para visitar a los Pérez Gay ya se había establecido una cuota fija con el dueño de la calle y así podían estacionarse sin encontrar los vidrios destrozados. El mismo dueño de la calle o su pariente, da igual, hacía reparaciones de hojalatería y pintura amenizados por radio a toda volumen.

La capital del país se ha vuelto inhabitable. Debe uno tener nervios de acero para toparse, todos los días, con áreas bloqueadas.

Tenemos cárceles llenas de gente que ha robado 500 pesos y privatizadores de avenidas, carreteras, casetas de pago, la Plaza de la Constitución, la del Monumento a la Revolución, en total impunidad y coronados de olivo. El robo de camiones repartidores de refrescos, con todo y camión, es ya práctica diaria. Por eso la encuesta es alarmante, por explicable: mide la indignación ciudadana ante la falta de autoridad. Y ve en un régimen autoritario la solución. Malo: recuerda la Alemania de 1930 y la Venezuela actual. Y hay quienes ya se frotan las manos.

¿Y el asesinato de Gonzalo Rivas, quemado vivo por los normalistas que incendiaron a propósito la gasolinera donde trabajaba?

http://youtu.be/w6LVb8nNr_o

Novedad: No hubo barco para mí, Cal y Arena (Ensayo Personal). 

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