Panóptico

“¡Qué no panda el cúnico!”: EPN”

El pasado jueves 27 de noviembre, Enrique Peña Nieto perdió una oportunidad para reinventar los límites del Estado mexicano y dar respuesta al clamor de una sociedad adolorida y ofendida.Más preocupado por afirmar la concentración del poder en el Ejecutivo, la réplica de Peña Nieto, tornada en decálogo, fue insensible e irresponsable. El Presidente ignoró que el hartazgo del país expresa un rechazo al sistema que cobija la relación entre élites políticas, económicas y militares con el narcotráfico y crimen organizado.Peña Nieto olvidó que Ayotzinapa desnuda a un país masacrado cuyas muertes iluminan cual llamas flotantes, miles de fosas en la oscuridad.Soslayó también, que este eventonos revela como rehenes de la injusticia, la pobreza, la corrupción y la impunidad instalada en nuestros corazones e inteligencias por décadas.Al enunciar en su discurso, “Todos somos Ayotzinapa”, Peña Nieto apuntó a los culpables: Los narcotraficantes que desaparecieron a los normalistas. No al Estado mexicano que el Presidente representa con la responsabilidad de protegernos de la colusión entre los Abarca, los partidos políticos, las policías municipales, el ejército y los narcos en todo el país. ¿Dónde quedó la sensibilidad y responsabilidad de Peña Nieto para retomar el camino de la transición a una democracia integral, que implicase una refundación del país, al estilo de Chile o España? En ninguna parte. Nunca existió. Su ADN políticole condena a ser un defensor a ultranza del sistema, y por ende, un impulsor de la restauración del régimen priísta. ¿Y el contenido del Decálogo? Siete de las diez propuestas son de Felipe Calderón: Redefinir las competencias de los distintos niveles de gobierno; instituir el Mando Único; crear el 911 (o 089); integrar la cédula de identidad; implementar operativos especiales en estados límite; instalar un modelo de justicia adversarial más rápida; apuntalar la cultura de los derechos humanos y crear un portal de información que contenga los listados de proveedores y contratistas del gobierno federal. Éstasmismas fueron rechazadas por los priístas el sexenio anterior.Una de las propuestas del Presidente esconsolidar un Sistema Nacional Anticorrupción, empero para hacerla creíble, debe aclarar a cabalidad tres temas: La compra de la Casa Blanca, sus vínculos con Armando Hinojosa Cantú del Grupo HIGA y la revocación de la licitación del tren rápido DF-Querétaro.¿Cómo no va a pandir el cúnico ante esta soberbia peñanietista expresada en su respuesta que deriva en la falta de credibilidad de su decálogo? Ni manera de pensar que se “le chispotió”. Pero si decirle, “¡cállate, cállate, cállate Enrique que nos decepcionas!”. 



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