Panóptico

“¿Y la bandera de México, ‘apá’…? (I)”

La noche del 15 de septiembre de 2009, “Juanito subió a un templete —que según él le costó 300 pesos porque un amigo le ayudó— y un tanto nervioso arengó tres veces al pueblo de Ixtapalapa: ‘Vivan los Niños Héroes, viva Miguel Hidalgo, viva la democracia, viva Iztapalapa y viva México’, y de refilón, un niño entusiasmado gritó: ‘Viva mi abuelita’, a lo que los vecinos respondieron con vivas entre risas”.El folclorismo de aquel Juanito, de triste memoria, nos obliga a pensar cómo definir nuestra independencia o afirmar nuestra identidad nacional en tiempos de un TLC rebasado por una globalización galopante. ¿Podemos todavía gritar, como hace cincuenta años, con una botella de tequila en la mano e inflados de orgullo patrio: “Somos mexicanos, y que tizne mucho a su madre el imperialismo yanki o los méndigos gachupines?”No. Esas expresiones pertenecen al baúl de los recuerdos; cuando colonialismos e imperialismos intentaban establecer su hegemonía en “el tercer” mundo, y los nacionalismos y marxismos resistían a través de movimientos políticos basados en utopias fundacionales y revolucionarias: En ese tiempo, la independencia e identidad nacional eran definibles de manera incondicional y monolítica. Teníamos que ser mexicanos de una pieza para partirle “la madre” a “los gachupines”, y luego a “los yankis”.Empero, nuestra abrupta entrada a la globalización vía el TLC, nos obligó a redefinir nuestra noción de independencia e identidad nacional. Y ayer como hoy, nos obliga a responder, a esas “nuevas realidades” con “nuevos conceptos”, para definir qué y quiénes somos como mexicanos en este milenio.  Los parámetros de esa “nueva realidad” son claros: Primero, vivimos en una globalización económica que desgasta en aras de la formación de bloques regionales de integración económica, las fronteras de los estados nacionales. Por ello, la interdependencia globalizante está por encima de la independencia nacional. Los destinos económicos y de seguridad nacional de nuestro país se definen en los Estados Unidos y Canadá, o en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.Segundo, experimentamos una desnacionalización progresiva que mina las fronteras geográficas y políticas de estados nacionales, al promover un proceso de homogeneización económica y cultural. Hoy, nos parecemos entre sí, malasios y mexicanos, más que nunca. La macdonalización del mundo no es una metáfora, es una realidad.Y tercero, ensayamos una revolución de tecnologías comunicativas que reafirma dicha homogeneización, a través del consumo de bienes materiales y culturales provenientes de todos los rincones del mundo.¿Para dónde hacernos si la misma globalización nos golpea y cohabita con nosotros cada día? 



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