Panóptico

"Torreón: Entre la Memoria y el Olvido"

A mis hijos

Milan Kundera precisa: “la lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido,” la cual nos permite resistir la presencia del Estado que permea de conformidad y amnesia a nuestras almas y nuestros cuerpos.


¿Cómo utilizar nuestra memoria colectiva para recordar y resistir, sí la presencia del Estado tritura tal posibilidad?
Vaclav Havel puntualiza: “En nuestro país, uno tiene la impresión de que por algún tiempo no ha habido historia. Lenta pero seguramente, estamos perdiendo el sentido del tiempo. Empezamos a olvidar lo sucedido, el cuándo, lo qué vino antes y lo qué aconteció después; y el sentimiento de que nada importa empieza a abrumarnos. Todo se fusiona en una sola imagen gris del mismo ciclo que se repite una y otra vez.”


Un Estado omnipresente determina y ordena los ritmos y los tiempos de nuestra vida en sociedad. Por ello, se va de un pseudo evento a otro: de aniversario en aniversario, de elecciones en elecciones, de los primeros a los segundos Cien Días, del Torreón Pequeño a uno Grande, de las cero a las Mil Obras, del día de la libertad de prensa al del Informe Municipal. Mediante estos rituales celebramos una historia oficial que substituye nuestra historia contenida en la memoria colectiva de Torreón.


Esta ausencia de memoria, regresa “a nuestra sociedad a tiempos primigenios, en los cuales, por miles de años la humanidad medía su tiempo en función de los ritos religiosos asociados a eventos climáticos o cósmicos, que se repetían a través del año, una y otra vez”.  Ese pensamiento mágico dicta nuestra comprensión de la historia reciente de Torreón, por ello, tendemos a olvidarla, a pesar de estar encarnada en nuestras almas y nuestros cuerpos. Quizá por ello, muchos torreonenses reducen su vida privada “a un nivel básico, en el cual sus ritmos temporales son marcados por el nacimiento, el matrimonio y la muerte.”
Y en ese terreno tan propicio para el olvido; ¿qué importa lo demás?


Albert Camus responde: “Cada generación se cree predestinada para rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero quizá su tarea es mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan las revoluciones decadentes, las técnicas que se han hecho demenciales, los dioses muertos y las ideologías extenuadas, en la que los poderes mediocres pueden destruirlo todo, pero ya no saben convencer, en la que la inteligencia se ha rebajado hasta hacerse servidora del odio y de la opresión, esta generación ha tenido que restaurar en sí misma, a partir de sus únicas negaciones, un poco de lo que constituye la dignidad del vivir y del morir”. En la búsqueda imperfecta de esa dignidad, reside nuestra esperanza cotidiana para resistir desde la memoria vital, al olvido y a la muerte.


canekvin@prodigy.net.mx