Panóptico

“El TSM: 5 años”

El pasado 11 de noviembre, el TSM cumplió 5 años de vida, y ante ello, una pregunta se impone: ¿Ha sabido éste, ser el santuario que resguarda una dimensión importante de nuestra identidad lagunera? Alejandro Irarragorri lo sabe: Su tarea consiste en fusionar un modelo de negocio con un equipo exitoso y una fanaticada leal, en un sentido deportivo y económico, que refuerce su sentido de pertenencia, con tintes religiosos, en torno al Santos Laguna. Si falla un factor, se derrumba la ecuación.¿Ha cumplido el TSM con esa difícil tarea? No. ¿Ha logrado Irarragorri generar dicha fusión? Tampoco. Esta realidad contrasta con las declaraciones del mismo Alejandro hace 14 meses, cuando decía: “No entiendo porqué ven al futbol tan distinto de un negocio, la única diferencia es que se juegan 90 minutos” (Expansión: 13-09-13). Sus palabras sonaban sobradas, pero eran reales: su capacidad para tomar riesgos, aunada a su creatividad financiera, le permitieron establecer las alianzas estratégicas para salvar al Santos de su inminente desaparición.Hoy, el TSM es un estadio que recicla la desconexión entre el negocio, el equipo y sus seguidores. “En este torneo Apertura 2014 han ingresado en promedio 19 mil 529 personas con boleto pagado al TSM por partido. En entradas, el TSM ocupa el lugar 15 entre los 18 inmuebles de Primera División. La taquilla disminuyó del 78.71 al 65.09 por ciento en un año. Casi 14 por ciento”. Porque en 2013, “asistieron al TSM 23 mil 613 aficionados”.¿Cómo explicar dicha desconexión entre una franquicia futbolera que por su valor ocupa el cuarto lugar con 165.7 millones de dólares (Forbes Staff: 26-01-14); y los guerreros santistas?La distribución arquitectónica del TSM replica la división de clases sociales existentes fuera del mismo; y las separa de manera higiénica, para que no interactuen (o se contaminen) entre sí. La cercanía física que unía en el Estadio Corona a los diferentes grupos y vaciaba toda diferencia socialen la catársis albiverde, quedó en el olvido. El modelo de negocio que rige al TSM es para clases medias y altas con capacidad de consumo: No integra de manera signicativa, como en el Corona, a las clases populares. Esos nuevos aficionados del TSM vibran con el Santos a partir de una gratificación inmediata: Si triunfan; aplauden. Si pierden; les mentan la madre. Su lealtad está en función de los resultados: El nuevo aficionado santista es intransigente: “Yo pago por verte triunfar, y en esa medida te apoyo, Si no te chingas. Y cuidado, porque puedo dobletear con otro equipo, como el América o Chivas, a la vez”.¿Dónde quedó esa lealtad incondicional y monolítica del aficionado por el Santos, ganáse o perdiése? Esta yace entre los escombros del antiguo Estadio Corona, pero sobre todo, en el modelo de negocio de Alejandro, que sin entender el juego del fútbol, que está enraízado en la idiosincracia del sentir popular, se animó a jugarlo alguna vez. 


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