Panóptico

“La Suerte de la Consorte”

¿De dónde surge el silencio, que existe en México, en torno a las esposas de los gobernantes? ¿Por qué ellas desaparecen, como lo señala, Sara Sefchovich, de esa historia, con mayúscula, que escriben los triunfadores?Sefchovich, autora del libro “La Suerte de la Consorte,” enfatiza tres razones: “La primera, un modo de pensar según el cual la historia sólo  debe hacerse desde arriba, es decir, desde el poder y en los ‘grandes momentos’, como guerras, descubrimientos, construcciones, sistemas, en los cuales las mujeres, por su situación y su condición social, no ocupan ningún lugar. Ellas ‘sólo’ cuidan del hogar y la familia, ‘sólo’ nutren, limpian, educan, consuelan y apoyan, nada de lo cual les parece importante ni significativo a quienes escriben esa historia.”La segunda, es definida por la “idea de lo que debe ser la familia, a la que se concibe como entidad cerrada a todas las miradas, en la que suceden y se guardan secretos y que por tanto se debe defender celosamente.” Existe una tercera razón relacionada con la manera como se concibe la política en una sociedad hecha a imagen y semejanza del hombre: La política divide la esfera de lo público, donde actúan los hombres; del ámbito de lo privado u oculto, donde la mujer cuida a la familia.Este estudio, valioso por ser un primer acercamiento a la historia de la mujer como grupo social vinculado al poder político a través del consorte, permite mirar con nuevos ojos, el papel que juega la esposa en la carrera política del marido; y la manera como se organiza la vida privada o familiar para sustentar su actividad como hombre público.¿Dónde queda la mujer, cuando el esposo dedicado a los menesteres de la política, se vierte con otros hombres para articular, en palabras de Helena Béjar, un poder horizontal mutuo que les pueda llevar no solo a organizar, sino a fundar algo nuevo, más allá de su naturaleza mortal? Esta necesidad de trascendencia, propia del político, sitúa a la mujer en un plan decorativo. Sin embargo, el libro de Sefchovich permite mirar al político en toda su fragilidad humana. Porque quizá en sus “grandes momentos,” cuando éste inaugure importantes obras o forjen instituciones; su silenciada esposa desde un rincón del hogar, probará, aunque el mismo político lo niegue, que fue instrumental para su éxito.Por eso, mientras éste recita: “Confórmate mujer. Hemos venido a este valle de lágrimas que abate, tú como la paloma para el nido, y yo como el león para el combate.” La esposa le replicará: “Nunca olvides que yo y nuestros hijos ‘pisamos huesos, sangre seca, restos e invisibles heridas.’ para alimentar tu búsqueda de poder y tu preocupación por ‘servir al bien común’. Nunca, nunca lo olvides”. 


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