Panóptico

“Riquelme: ¿Ciudadano?”

¿Cree usted en la intención de Miguel Riquelme de ciudadanizar su gobierno?


Sus orígenes como operador político lo desmienten. Miguel existe por su capacidad para ordeñar votos en las secciones electorales priístas. No en balde, su apodo “el Búfalo Kid” está signado por las lideresas que amamantaron su crecimiento político.


Riquelme no es un hombre de ideas o visiones de largo aliento. Su mecha define lo corto de sus alcances al estallar a la menor provocación: El incidente en torno a PC29 en días pasados, lo pinta como es, un fajador de barrio.


Incapaz de responder con respeto y tolerancia a la pregunta: “¿De qué manera el pueblo (soberano y titular del poder) se torna también capacitado para ejercerlo?”, Miguel responde con un “puñetazo” a PC29 por haber destapado la cloaca pestilente de SIMAS que no ha respetado colores partidistas a lo largo del tiempo.


Si este es su ADN político; ¿por qué Riquelme declara que “los gobiernos que no escuchan a la ciudadanía están destinados al fracaso”.
Miguel conoce sus limitaciones, pero está obligado a ser pragmático para recuperar el control político de las colonias populares, y legitimar su gobierno entre las clases medias y altas.


Para ello, debe generar “capacidad y eficacia para resolver los problemas sociales y crear futuros sociales de valía general”, en cogobierno con la sociedad.


Pero, ¿cuál es la calidad de ese cogobierno entre Riquelme y la ciudadanía torreonense?
Su equipo de trabajo tiene perfiles ciudadanos en Susana Estens, Renata Chapa y Eduardo Holguín. Sin embargo, su“contrapeso” son Mario Cepeda, ex contralor de SIMAS, hoy, Director de Desarrollo Social; y Javier Lechuga, ex auditor de SIMAS, ahora Contralor del Municipio, por no mencionar al resto.


El Instituto Municipal de Cultura es un consejo de notables que no tiene representatividad real en el mundo de los creadores culturales o en el activismo ciudadano.


Por su parte, el Consejo de SIMAS trunca su ciudadanización al no integrar a PC29 y enviar así un mensaje: “Miguel no ciudadanizará la vigilancia y la rendición de cuentas en las áreas calientes de su gobierno”.


Al contrario de estos dos organismos, faltos de representatividad y transparencia, respectivamente, el IMPLAN nace con el beneficio de la duda y un signo de interrogación: ¿Tendrá su director, ave de tempestades según refieren sus conocidos, la capacidad para concertar el mejor futuro posible para Torreón? Veremos y diremos.


Por lo pronto, la calidad del encuentro Riquelme-Torreón ciudadano, es pobre. Miguel tiene que desbordar sus límites como operador político, e ir más allá del simulacro de la participación ciudadana, so pena de desnudar su propósito electoral y personal rumbo a la gubernatura de 2017. No tiene de otra.


canekvin@prodigy.net.mx