Panóptico

“Resucita el PAN”

El pasado lunes 15 de enero, un dañado PAN sufre los estragos de la actitud rupturista de Luis Fernando “Lord Berrinches” Salazar. Fracturado, el blanquiazul entra a terapia intensiva con la promesa de alternancia electoral en 2017. Los monitores parpadeaban para registrar sus signos vitales, mientras la traqueotomía, los catéteres venosos centrales y las sondas de alimentación cumplían su función.

Un grupo de plañideras panistas, vestidas de negro, rezaba con ojos cerrados: “¡Oh! Todopoderosa política, tu tan veleidosa e impredecible, no nos abandones en este momento, en el que la alternancia (casi) nos pertenece. No permitas que nuestra codicia, que es mucha, nos apendeje. Plis. Plis. Plis”.

Sus rezos no eran escuchados. Ricardo Anaya, Presidente del CEN del PAN, sufría los embates de gobernadores y Senadores amigos de Salazar, vinculados como Lord Berrinches, a Rafael Moreno Valle.

Exigían la reposición del proceso que favorecía a Guillermo Anaya, a días de cerrarse el registro de candidatos.

El PRI lucía feliz. Llegaba Memo, el candidato esperado, con un PAN y una alternancia en cuidados intensivos. A pesar de no tener una sólida unidad partidista, el PRI jubiloso decía: “Atáscate Miguelón, ahora que hay lodo”.

Tan emocionados estaban los tricolores, que “distraídos” desenterraron unas palabras de Humberto utilizadas contra Felipe Calderón en 2009, para incrustarlas en el discurso de Riquelme contra Enrique Peña Nieto: “No es justo que de cada peso que aportamos (a la Federación) nos regresen 30 centavos. Quiero gobernar para revertir esta injusticia”. A pesar de este monumental traspié, todo era jauja, mientras las lloronas panistas rezaban sin parar.

Sus oraciones fueron escuchadas: A minutos de cerrarse el registro, el 20 de enero, surgió un bloque opositor contra el PRI, integrado por el PAN, la UDC, el PRD, PPC y PES.

En ese momento, el PAN y la alternancia abrieron sus ojos y recuperaron sus signos vitales. Mientras las sollozantes panistas daban brinquitos de emoción. Y el PRI, incrédulo, sólo pelaba los ojos.


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