Panóptico

“Puuutooo…”

Primer despeje de Julio César, portero de Brasil, y 14 mil 600 mexicanos gritan al unísono: “¡Puuuutooooo!”. Igual sucedió con los porteros Peltikosa de Croacia e Itandje de Camerún.¿Acaso éstos tres goleros son candidatos a “declarar su sexualidad sin temor”, como lo sugirió a los futbolistas gay la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos? O, simplemente es “una costumbre” mexicana para presionar al arquero rival.La FIFA opinó lo contrario y exigió una explicación a la FMF por los gritos de ¡Puto! Ésta con inusual sensibilidad respondió: “No podemos evitar que una afición se manifieste en un estadio. Si la gente (de otros países) agarra esta costumbre, la FIFA tendrá que sancionar a todas las Federaciones”. La negación antes que la empatía y la disculpa. Pasar la carga a otro para minimizarla. Es imposible pedirle más a Héctor González Iñárritu, director de Selecciones Nacionales. El es un minúsculo reflejo de nuestra sociedad machista, sexista y racista.En este caso, el grito de ¡puto! conlleva una fuerte violencia simbólica definida por el contexto: El portero es falto de virilidad, cobarde y al menos, sospechoso de ser homosexual. ¿En qué momento la reiteración de este grito, normalizado como “costumbre”, puede provocar más violencia física contra los gays, o aquellos que “parezcan serlo”?¿Es posible regular o prohibir este tipo de expresiones?Es muy difícil controlar o proscribir el grito de ¡puto! El lenguaje tiene una dinámica y fuerza propias que escapan a toda censura. Intentarlo, implica  “hacer del poder público (o de los organismos internacionales), policías del lenguaje, custodios del respeto, promotores de un lenguaje aséptico”.La intentona de la FIFA sonó bofa.Y exoneró a México, por considerar que “el grito ¡puto! no es considerado un insulto en este contexto específico”. Empero, la FIFA no podía reaccionar de otra manera. O, cómo justificar que celebrará el próximo Mundial en Rusia, país que considera la homosexualidad como un delito. O en 2022, en Qatar, “donde la homosexualidad se castiga con la pena de muerte”. Esta “llamada a misa” de la FIFA, internacionalizó el grito, ya escuchado en Japón, aplaudido en los estadios de Brasil y gritado, con más huevos que nunca, por los mexicanos en bares, restaurantes, hogares y oficinas públicas.Finalmente, “la expresión homófoba es un derecho como lo es la estupidez”. Y no podemos considerar “al Estado como artífice del respeto o al gobierno como árbitro del lenguaje.”La única respuesta es “criticar, exhibir y burlarnos” del grito ¡puto! o de expresiones similares. ¡Siempre!  



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