Panóptico

“Medios y Miedos I”

Un artículo editorial impreso es hoja al viento de preguntas dispares. ¿Cuánto tiempo y a qué altura volará? ¿En manos de cuál lector desconocido aterrizará?Es imposible predecir el destino final del esfuerzo artesanal implicado en un artículo editorial; su multiplicidad de lecturas es infinita. Sin embargo, cuando el dardo crítico vuela contra funcionarios públicos de primer nivel, las respuestas tienden a ser predecibles. Primero, fingen indiferencia, porque en palabras de Azorín, “el político no debe nunca perder la sangre fría…”; pero en el fondo, cual seres humanos, hierven sus rencores y resentimientos para ocasión más propicia. Las estrategias de nuestros funcionarios públicos para capotear la crítica, adoptan, entre otras, las siguientes facetas: La primera se viste de paranoia:  “No hay quedarle importancia a este editorialista, de seguro lo escribió, porque es amigo de fulano, el cual a su vez es enemigo del señor gobernador.” La segunda se arropa de soberbia: “Réstale significancia a esos comentarios de mala leche; tengo 30 años en este negocio de la política, y mírame que tan lejos he llegado. La receta es ignorar a los medios.” La tercera se disfraza de prepotencia: “Contéstale de inmediato con una inserción pagada en todos los medios impresos.” Una primer variante de esta faceta es la respuesta oblicua; en la cual, el funcionario afectado, puebla los medios de comunicación con publicidad relativa a actividades propias de su puesto, durante la semana posterior al cuestionamiento. Una segunda variante ocurre, cuando el político afectado es visto con el gobernador en diversos actos, durante los días subsecuentes a la crítica editorial. El mensaje simbólico es claro: el gobernador arropa al funcionario público que se acurruca en su seno cual hijo atemorizado. Miguel Riquelme es el ejemplo clásico. Al cual Rubén parece decirle, cada vez que lo protege, las palabras de Camus que pone en boca de Creón: “Dios sabe sin embargo que tengo otras cosas que hacer hoy, pero con todo perderé el tiempo necesario para salvarte, pequeña peste.”Si ninguna  de estas estrategias funciona, los funcionarios buscan cooptar al editorialista crítico o golpetearlo a través de sus gatilleros columnistas a sueldo, en prensa, radio y/o televisión, quiénes utilizarán la difamación y la calumnia para desprestigiar al crítico.De esta manera, nuestros políticos nativos combinan la paranoia, la soberbia, la prepotencia, la cooptación y el golpeteo para relacionarse con los medios de comunicación; y por ende, con nuestra sociedad también.  ¿De dónde surgen tales deformaciones?¿Es responsabilidad de nuestros funcionarios públicos o de los medios de comunicación? Ambos son corresponsables por haber sido paridos, mantenidos y reproducidos por el mismo sistema autoritario que gobierna nuestro país desde 1929. 


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