Panóptico

“Matrimonio Gay: ¿Correctitud Política o Diálogo democrático?” (I)

“La historia de la libertades la de la lucha por limitar el poder del gobierno”. Thomas Woodrow Wilson

A Milenio Diario Laguna, en sus primeros 97 años.


El 2 de septiembre pasado, el Congreso de Coahuila realizó 40 modificaciones al Código Civil y Procesal Civil para reconocer “las uniones matrimoniales de personas del mismo sexo y los derechos inherentes al matrimonio como el procrear u adoptar hijos, entre otros”.Su impulsor, Samuel Acevedo, Diputado del Partido Social Demócrata (o partido priísta embozado) investido en los ropajes de la modernidad puso en el mismo costal al Papa Francisco I, a Rubén Moreira y a Javier Hernández, Alto Comisionado de las Naciones Unidas en México para legitimar dicha iniciativa. Con esta decisión, “nuestros representantes populares” (que en realidad integran la oficina de trámites del Ejecutivo), transformaron a Coahuila en “la primera entidad del país que busca otorgar seguridad social y jurídica a personas del mismo sexo”. Para aclararnos el sentido sustantivo de esta ley, Rubén, muy emocionado nos metió en este galimatías al declarar que“La palabra tolerancia es una mala palabra para hablar de la convivencia entre todos los seres humanos, porque tolerar es decir, ‘bueno te tolero, nada más que un día ya no te tolero’. No, esto es respeto y en buen plan, diría que hasta una buena indiferencia a la diferencia; es decir, que no voltee yo a ver lo que es diferente”. Mientras terminaba su disertación, llegó la felicitación de la Oficina en México del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos para Coahuila, por “reconocer y proteger el derecho de toda persona a contraer matrimonio”.De esta manera, se cerraba el ritual: El Ejecutivo aprobaba esta ley, a través de un Legislativo (integrado por Diputados títeres) que no representa al coahuilense, y mucho menos, el espíritu progresista de esta iniciativa que consagra el matrimonio igualitario entre parejas homoparentales. Esta decisión de Moreira, basada en una “nueva forma de gobernar”, que suma directrices fijadas por expertos nacionales, internacionales y de la ONU, nunca fue abierta a un diálogo público, en el sentido más amplio del término. En Rubén siempre imperó la “correctitud política” fijada por dichos expertos y las tendencias internacionales, antes que el diálogo con la sociedad, es decir, con el más común de los coahuilenses que el dice gobernar. 


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