Panóptico

“I Love you, Saltillo”

A Don Braulio Cárdenas Cantú

 

¿Por qué Saltillo celebra su fundación el 25 de julio como si unificara su pasado, su presente y su futuro a la vez? ¿Por qué los saltillenses sin pudor, llaman a su ciudad, en su 139 aniversario, “Saltillo de mis amores”?

Sus mujeres y hombres más críticos, los que abrazan las palabras de Efraín Huerta cuando escribe:

“Amplia y dolorosa ciudad donde caben los perros,
la miseria y los homosexuales, las prostitutas y la famosa melancolía de los poetas, los rezos y las oraciones de los cristianos”.

Ellas y ellos dicen, “amo a Saltillo porque 439 años después, sigue siendo un terreno inexplorado”. “Amo la esperanza de su gente y la de aquellos que buscan justicia”. O, “mi padre amaba a esta ciudad, la conocía casi piedra por piedra y baldosa por baldosa. Yo crecí en ese cariño y respeto por una ciudad grande como pocas”. En sus voces fluye el orgullo pletórico de agradecimiento.

Los artistas y promotores culturales bordan con magia y poesía su ciudad: “Saltillo es la luz, el aire, pero sobre todo su niebla”. “Me gusta observar la Catedral en una tarde brumosa”. “Soy amante de sus cuatro estaciones y de su Centro Histórico”. Sus palabras capturan fragmentos de la esencia saltillense, a pesar de que también escuchan a Efraín Huerta cuando dice:

“Te declaramos nuestro odio, magnifica ciudad.
A ti, a tus tristes y vulgarísimos burgueses,
a tus chicas de aire, caramelos y films americanos,
a tus juventudes ice cream rellenas de basura…”

Junto a las tradicionales actividades realizadas por las autoridades municipales, la Feria, el Festival Cultural, la entrega de la Presea Saltillo, emerge la sociedad civil que camina las calles y las avenidas para visitar sus plazas y sus alamedas y celebrar su amor por Saltillo de infinitas maneras.

Entre todos bordan un sarape de bellísimo colorido que nutre e identifica a todos los saltillenses como uno, por igual. En ese momento, no se  escuchan las palabras de Efraín Huerta cuando enfatiza:

“Ciudad tan complicada, hervidero de envidias,
criadero de virtudes desechas al cabo de una hora,
páramo sofocante, ni doblando en que somos
como palabra ardiente desoída…”

¿Porqué Torreón no puede celebrar su aniversario de fundación de esta manera? ¿Por qué se resiste a reconocer su propia belleza, a pesar de todo, sin reservas? Saltillo lo hace. Torreón, ¿por qué no?



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