Panóptico

“Entre Juan Pablo II y Maciel”

La canonización de Juan Pablo II es una “clara señal de que la iglesia católica no ha entendido (o ha querido ignorar) la gravedad de los abusos sexuales de sacerdotes en contra de menores de edad en todo el mundo”.


Desde su infierno, Marcial Maciel sonríe al saberse propuesto para igual canonización, a pesar de ser acusado de pedófilo, homosexual, toxicómano, mujeriego y homicida.


¿Por qué hoy podemos conocer estos hechos y polemizar, cuando en el pasado aunque existían, era imposible hacerlo?
La modernidad puso en crisis la familia, la religión, la economía, la educación y la política; y los medios de comunicación han desnudado sus miserias para hacer de nuestra sociedad un “un reality show” continuo.


Rota queda la ingenuidad que creía en la familia machista centrada en el padre; en la fe y obediencia incondicional a los sacerdotes católicos; en la decencia y buenas costumbres del banquero, empresario o comerciante; en la entrega mística del maestro; en la retórica del político y en la responsabilidad patriotica del militar.


Los medios de comunicación asumen el papel de “jueces de la verdad” para desnudar por “rating comercial”, la doble moral de padres de familia y sacerdotes; la corrupción de banqueros, empresarios, comerciantes y maestros; y la impunidad de políticos y militares por igual.
¿Nos ayuda saber de nuestras miserias que añaden incertidumbre y complejidad a nuestras vidas, o es mejor ignorarlas para vivir en un estado de virginidad segura y simple?


Hoy es preferible saber de la violencia intradoméstica y del incesto familiar. De los sacerdotes pedófilos y mujeriegos. De los Papas encubridores. De los maestros que lucran con la misión de educar a nuestros hijos y en ocasiones abusan de ellos. Hoy es mejor conocer de los banqueros, empresarios y comerciantes hipócritas y explotadores. Y de los políticos y militares corruptos e impunes. Hoy es importante saber de hechos que siempre existieron, y preferimos soslayar.


Digerir esta información nos impide la pontificación moralista que nos sacade la realidad añorando un pasado que no regresará; y también, nos evita adoptar un cinismo militante que refuerza un comportamiento individualista, competitivo y depredador.


Conocer las entrañas de nuestra sociedad, nos compromete y responsabiliza a adoptar una postura de optimismo racional que permita reconstruir un encuentro con el hombre y sus potencialidades a partir de una aceptación radical de sus limitaciones en un contexto de incertidumbre y complejidad.


¿Demasiado optimista y poco racional? La otra alternativa es simple: Cubrirnos con el manto de Juan Pablo II y de Marcial Maciel en su versión moralista o cínica para evadir o destrozar las esperanzas posibles del hombre. Nada menos. Nada más.


canekvin@prodigy.net.mx