Panóptico

“¿Fútbol o no? I”

“El fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes. 

Arrigo Sacchi


El debate sobre la Copa del Mundo en Brasil se ha polarizado: Los políticamente correctos exigen, en tono moralista subido de tono, no mirar los juegos del Mundial, por el gasto de 18 mil millones de dólares en la construcción de infraestructura deportiva y aeroportuaria, en un país desigual e inequitativo como Brasil.En el otro extremo, están los tatuados con la verde en el alma. Los que viven bajo la mística del Piojo Herrera, y sueñan que México puede llegar a cuartos de final o ganar la Copa del Mundo. Para éstos, la soberanía y la dignidad del país están en juego; y envueltos en la enseña patria y con mirada de prócer, digno de mejor causa, están dispuestos a partirse la madre por México.¿Quién tiene razón? Eduardo Galeano lo responde así: “el fútbol se parece a Dios en la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales.” Mientras los primeros miran el balón; los segundos, se preocupan por el entorno que abraza el correr de la pelota.Empero, los datos duros no mienten: La popularidad del Mundial entre los brasileños ha caído “de 79% en 2007 a 48% en el 2014”. Estos números son comprensibles cuando miramos la economía,“concrecimiento promedio durante los últimos cuatro años de apenas 2.0%, y una inflación promedio al alza de 6.1%”en igual período de tiempo.Con una inversión de 5 mil millones de dólares en 12 estadios, en lugar de 8, como lo exige la FIFA, el Mundial de Brasil será el más caro de la historia, con “una inversión superior a la de Alemania y Sudáfrica juntas”. De los 18 mil millones de dólares, total del costo de la Copa del mundo, “14,000 millones serán pagados por los 194 millones de brasileños”.Los cuales en este momento protestan por el incremento en el costo de transporte y de los partidos del Mundial; y exigen, a partir de una situación económica crítica, haber reorientadoel gasto de la Copa en satisfacer sus necesidades básicas en salud, educación y alimentación. Cual contraste a esta inversión multimillonaria y las protestas, chocan las declaraciones de Joana Havelange, nieta de Jao Havelange ex presidente de la FIFA, y Directora del Comité Organizador Local para el Mundial de Brasil, que enfatiza sin rubor: “Lo que tenía que ser gastado, robado,ya lo fue. Si había que protestar, se hubiera hecho antes”. Para añadir sal en la herida, “el Mundial dejará una derrama de 3 mil millones de dólares, cantidad insignificante para mover la economía brasileña. De tal manera, la Copa tendrá un efecto más mediático que financiero”.¿Qué opina, amable lector, dejamos de mirar el Mundial o nos ponemos “la verde” para ignorar lo que ocurre alrededor de la Copa? 


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