Panóptico

“¿Denuncia o Solución?”

¿Cuál es el tipo de periodismo editorial exigido por nuestra sociedad en estos tiempos de crisis? ¿Uno basado en la denuncia que roza el escándalo amarillista, ú otro sustentado en la investigación de soluciones? Mientras el primero se monta en la denuncia, como un fin en sí mismo, y genera “un espíritu de paralización de la capacidad humana de responder a los desafíos para la construcción de un mundo donde deseamos todos vivir, en igualdad de oportunidades y derechos”; el segundo, busca reinventar “la capacidad de comunicación y de la información en cuanto fuerzas movilizadoras de cambios.”Uno profundiza la actitud crítica del lector, pero también su miedo, desconfianza y falta de corresponsabilidad social; el otro, sin negar esa dimensión crítica, abre espacios de esperanza que fortificarían el valor, la confianza y la capacidad del lector para involucrarse de manera corresponsable y participativa en los asuntos de su comunidad. Éste no es un periodismo editorial blandengue, que justifica y legitima el trabajo de los poderes establecidos en el ámbito de la política o de la economía. Por el contrario, éste busca movilizar las conciencias de sus lectores más allá de la mera denuncia, para crear en ellos, de manera paulatina, alternativas de involucramiento y responsabilidad social. Tampoco es un periodismo editorial “color de rosa” restringido a informar sobre las buenas acciones gubernamentales. Mucho menoses un periodismo mesiánico que asuma tener la verdad de los problemas que enfrenta su lector, para derramársela sobre su testa cada mañana.Este es un periodismo responsable que no soslaya la crisis estructural que vive nuestro país, y nuestras instituciones –políticas, económicas, educativas y religiosas-, la falta de transparencia, la rendición de cuentas y las violaciones a los derechos humanos. O los retrocesos autoritarios de nuestros gobernantes. Empero, la alternativa es quedarse en la pura denuncia o avanzar hacia la investigación de soluciones. Este esfuerzo permite que “el editorialista no sólo sea receptor de denuncias sino también vehículo mediador de las prácticas y las reflexiones que la misma sociedad aporta para la promoción de los cambios”.Por ello, el editorialista no puede perder contacto con su lector: porque de ahí obtendrá “el coraje y el valor para hablarle de tu por tu al poder en todas sus manifestaciones asfixiantes”. Sólo así, el editorialista podrá responder a las preguntas del lector en fidelidad a su conciencia y a una verosimilitud de verdad que emerge del preguntar, indagar, conocer, dudar y confirmar cien veces antes de informar.” Sólo así, el periodismo editorial podrá ser “un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta y reiterar su fe en la historia e imaginar el futuro como una incesante utopía.”


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