Panóptico

“Ayotzinapa: Bob y David”

A Moreleando, en su aniversario.


Este diálogo lo escuché en un mundo paralelo. Platicaban Bob Dylan y David Huerta, poetas que han buscado unir con su palabra los pedazos del alma dispersa de una humanidad negada a encontrarse consigo misma en la responsabilidad de heredar un mundo mejor. En su tejer con hilos de luz, estos poetas, han construido la esperanza de otra sociedad posible; comprometida con el hombre desde sus raíces. Este es su diálogo.Bob:  David, “¿cuántas carreteras debe un hombre caminar, antes de que le llamen hombre?”.David: En México dejamos de ser hombres, porque aquí: “Mordemos la sombra/Y en la sombra/Aparecen los muertos/Como luces y frutos/ Como vasos de sangre/ Como piedras de abismo/Como ramas y frondas/De dulces vísceras”.Bob: “¿Cuánto tiempo deben las balas de cañon volar, antes de estar prohibidas para siempre?”.David: Eso me pregunto, porque: “Esto es el país de las fosas/Este es el país de los aullidos/Este es el país de los niños en llamas/Este es el país de las mujeres martirizadas/Este es el país que ayer apenas existía/Y ahora no se sabe dónde quedó”.Bob: “¿Cuántas veces puede un hombre girar su cabeza, y fingir que no mira lo que ocurre a su alrededor?”.David: Imposible saberlo. “Estamos perdidos entre bocanadas/De azufre maldito/Y fogatas arrasadoras/ Estamos con los ojos abiertos/Y los ojos los tenemos llenos/De cristales punzantes”.Bob: Entonces, “¿cuántas veces debe un hombre ver hacia arriba, antes de que pueda mirar el cielo?”.David:  Cómo mirarlo, cuándo “estamos tratando de dar/Nuestras manos de vivos/A los muertos y a los desaparecidos/Pero se alejan y nos abandonan/Con un gesto de infinita lejanía”.Bob: “¿Cuántos años debe un hombre tener, antes de que pueda escuchar a la gente llorar?”.David: Es difícil saberlo. Porque hoy, “el pan se quema/Los rostros se queman arrancados/De la vida y no hay manos/Ni hay rostros/Ni hay país/ Solamente hay una vibración/ Tupida de lágrimas/Un largo grito/ Donde nos hemos confundido/Los vivos y los muertos”.Bob: “¿Cuántas muertes sucederán hasta que las personas sepan que mucha gente ha muerto...?”David: No lo sé, pero “quien esto lea debe saber también/Que a pesar de todo/ Los muertos no se han ido/Ni los han hecho desaparecer/Que la magia de los muertos/Está en el amanecer y en la cuchara/En el pie y en los maizales/En los dibujos y en el río/Entreguemos a los muertos/A nuestros muertos jóvenes/El pan del cielo/La espiga de las aguas/El esplendor de toda tristeza/La blancura de nuestra condena/El olvido del mundo/Y la memoria quebrantada/De todos los vivos”.Bob: Sin duda David; la respuesta somos nosotros, los vivos nutridos por nuestros muertos; en la memoria, en la esperanza y en la transformación de nuestra sociedad. David:  Si, Bob. Por ello debemos dar a esa “magia, la plata templada de la brisa” que erosiona con infinita paciencia y amor, los muros del dolor y de la desesperanza. 


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