Panóptico

“Arrasó el PRI: Recuento de los Daños I”

En política los resultados son los que cuentan. El “juego bonito” democrático es irrelevante. Bajo esa premisa, el PRI arrasó en los 16 distritos con 452 mil 944 votos, para conquistar las 16 curules en juego.¿Quién en su sano juicio pudo anticipar que candidatos, en su momento Diputados Locales, que legalizaron la mega deuda, como Shamir Fernández, Verónica Martínez o Francisco Tobías pudieran ganar? Y qué decir de Melchor Sánchez, ex alcalde de Monclova quien dejó cuentas pendientes por 11 millones de pesos registradas por la Auditoría Superior Estatal? ¿O de Carolina Iribarren y Antonio Nerio, cuya grisura política se confunde en el polvo del carbón en la Región Carbonífera?¿Quién pudo imaginar que los altos porcentajes de votantes indecisos mostrados en las encuestas, se vestirían, muchos de ellos, de pricolor?¿Qué sucedió con las justas exigencias de las clases medias y altas de castigar a los culpables de la “Megadeuda Moreirista”?¿Dónde quedaron las voces de los integrantes del “Círculo Rojo” que clamaban por una “refundación del Congreso” o de “una Legislatura distinta que estableciera un contrapeso al desmedido poder del Ejecutivo”?Ante todos ellos, apareció la fuerza y la astucia del Sistema Priísta para darles un portazo en la nariz y demostrarles que existen dos realidades: La realidad política dura, o llamada “real politik”, que define el presente y futuro de Coahuila a partir de una alianza entre el Estado y las clases populares a través del PRI.Su argumento consiste en soportar la sobrevivencia básica de cientos de miles de personas desfavorecidas, para transformarlas, cuando la ocasión lo amerita, en clientela electoral cautiva.Existe otra realidad: La metafísica, o desprendida de esa realidad. La cual es habitada por personas con ideas y valores que fundamentan una visión democrática de nuestra sociedad. Estos individuos instalados en el “deber ser”, exigen y proponen con pasión e inteligencia una mejor sociedad que heredar a nuestros hijos. Su argumento es moral, no político. En su momento,muchos de estos hombres y mujeres confiaron en que partidos políticos de oposición enarbolarían sus causas, pero triste realidad, éstos comparten una misma cultura priísta que los hace cómplices del profundo deterioro de nuestra democracia. ¿Cómo romper la visión fatalista derivada de estos “carros completos priístas” y de partidos de oposición que en su fuero interno envidian pero aspiran ser, aunque con disfraz diferente, como los priístas? Más allá de la queja y del desahogo catárticos,¿estarían estas personas dispuestas a involucrarse como ciudadanos en la vida pública para forjar, con larga paciencia, los cimientos de una mejor sociedad? Esa es la pregunta: ¿Cuál es la respuesta? 


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