Panóptico

“¡Ahí viene Beltrones!”

La derrota electoral del 5 de junio fue responsabilidad de Enrique Peña Nieto. Manlio Fabio Beltrones tenía las manos atadas: Debía respetar la lista de candidatos, cubrirle las espaldas a César Duarte, Javier Duarte y Roberto Borge y soportar el fuego amigo de Luis Videgaray y Miguel Osorio. 

Inclusive, hay priistas que “conjeturan sobre presuntos favores desde el gabinete federal a candidatos opositores o semiopositores en algunos estados donde el fracaso del partido de tres colores les parece poco natural, a pesar de lo reñido de las competencias”.

El objetivo por costoso que parezca ser, era uno: Triturar las ansias presidencialistas de Manlio Fabio.

No conformes con ello, dos bofetadas secas sellaron más su humillación: Osorio dio “la orden a los candidatos del PRI de aceptar su derrota cuando aún ni siquiera se terminaban los conteos oficiales”.

Peña Nieto, llamó “a los candidatos de Acción Nacional para felicitarlos por su triunfo (el lunes por la noche), cuando aún ni concluían los recuentos en los Institutos Electorales ni se definían las posibles impugnaciones en el partido”.

Miles de militantes priistas quedaron resentidos por la rudeza presidencial a un ícono del priismo nacional.

Sin embargo, lo que parecía una derrota política, Manlio Fabio la transformó en una victoria moral con un regreso inminente, que le permitirá buscar la transformación del PRI desde su visión personal. 

Su discurso de renuncia lo deslinda de Peña Nieto: “Lo que los gobiernos hacen, sus partidos lo resienten”. Y  abunda: “No basta el diálogo fructífero con el Presidente y los gobernadores.

El Gobierno debe comprometerse más con su partido”. Y precisa el rumbo a seguir: “Lo que está en juego no es la numeralia electoral, lo que está en juego es el proyecto de Nación para el Siglo XXI”. Éste incluye una refundación del PRI que “refuerce la rendición de cuentas de los servidores públicos, legisladores y gobernantes que emanan de sus filas”. 

El nombramiento peñanietista de Enrique Ochoa, como líder nacional del PRI, radicalizará el ánimo anti-peñista al interior del partido. Mismo que Beltrones abanderará hasta sus últimas consecuencias.

¿Sobrevivirá la corriente Beltronista al interior del PRI? ¿Sufrirá el destino de la Corriente Democrática liderada por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo en 1987? Veremos y diremos. 


canekvin@prodigy.net.mx