Ciencia y Política

El primer año de Enrique Peña Nieto

Desde que el Doctor Borrego inventó las encuestas sociales, se acabaron las promesas

El suscrito, como ciudadano común, pero no corriente, tiene derecho a opinar sobre el primer año de nuestro presidente Enrique Peña Nieto, quien ha recuperado en mucho la solemnidad de la figura presidencial y la capacidad de conciliar, característica superior del Homo Sapiens.

Sin embargo, para evaluarlo hay que hacerle cinco preguntas, como en un examen profesional:

¿Qué sucedió con la Reforma en Telecomunicaciones? Mi opinión es que el Presidente merece un 9, pues le faltan pequeños detalles para lograr el 10.

¿Qué pasa con la Reforma Educativa? La buena intención merece un 10, pero la reforma es fundamentalmente laboral, falta la educativa integral y curricular, esperaremos.

¿Qué sucede con la Reforma Fiscal? Ahí, aunque no soy experto, las opiniones señalan que con el buen ánimo de ayudar a los pobres y cobrar a los ricos, olvidó a la clase media, que es la que produce mayor demanda en el mercado y por lo tanto genera mayor actividad económica. Por lo tanto le damos un 8.

¿Qué pasa con la Reforma Energética? El examen está suspendido, porque si bien la opinión internacional, que con claridad expresa la revista The Economist, muestra que el mundo está esperando los contratos de coparticipación, en la entrega del petróleo, como en el caso de Noruega; en México hay mucho temor, porque la figura de Pemex y de la Virgen de Guadalupe son históricamente intocables. Por lo tanto el examen pasa a evaluación extraordinaria.

¿Cómo vamos con la Reforma Política? Tal parece que será valiosa, sobre todo en su arranque, para lograr la figura de candidatos independientes, reelección de diputados, senadores y alcaldes. Por lo tanto merece un 9.

Por supuesto que estos son sólo juicios muy superficiales, porque el verdadero examen lo califica el pueblo, y en el caso de la política, la historia; y esta última es inexorable.

Sin embargo, yo como mexicano conservo la esperanza, que es la última musa que quedó en la Caja de Pandora, y que con valentía abrió nuestro Presidente, en este su primer año.