Ciencia y Política

La pasión por los Tigres

Un bello fenómeno psicosocial.

Dejé de meditar unos días el triunfo de mis queridos Tigres, para pensar profundamente en la impregnación que este fenómeno ha dado lugar en la psicología de un estado caracterizado por su educación, su acervo emprendedor, su nobleza y su franqueza.

Me refiero al nuestro, a Nuevo León, en donde hay dos equipos que despiertan pasión: los Rayados y los Tigres. Ambos nacieron en diferentes épocas, pero se conjugaron por la visión de Alberto Santos y la nuestra, para darle al Estado una competencia sana y una pasión deportiva que hace olvidar los graves problemas que la entidad ha tenido durante mucho tiempo, por malos o buenos gobiernos, por malas o buenas circunstancias económicas nacionales e internacionales y también los problemas de la vida cotidiana que todos vivimos.

Por eso el futbol, que es educativo por naturaleza y que formó parte en mi época de la recuperación de la Universidad, en su prestigio, sigue siendo un instrumento que aunque a muchos les parezca frívolo, es parte consustancial de una pasión regional y de una causa de meditación triunfante, que cuando sucede, despierta la alegría en jóvenes, niños y adultos; y todos nos contagiamos de algo que la política no logra; me refiero a la unidad y al cariño fraterno que un deporte que se parece a la vida por lo incierto, lo artístico, lo técnico y lo imponderable, sea más importante que la política del poder.

Felicito a mis queridos Tigres, que siempre me traen la nostalgia y un recuerdo que me hace vibrar.